Abidal, fútbol y valores

Que el Barcelona no renueve a Abidal es una decisión inexplicable por un doble motivo, primero futbolístico y segundo institucional. Que el francés continuara un año más como mínimo no habría sido algo gratuito. Abidal se hubiera convertido en un jugador bastante útil en una plantilla con evidentes carencias en el centro de la defensa, aunque se fiche a un central más como está previsto. En los pocos minutos que ha tenido desde su recuperación ha demostrado que físicamente sigue siendo un portento y aportaría como cuarto central. Su tranquilidad a la hora de sacar el balón y su altura y fuerza en las acciones a balón parado son cualidades que no sobran en la defensa azulgrana. Allá donde vaya estoy convencido de que rendirá a un alto nivel pese a sus 33 años y a la delicada operación que sufrió.

Además de que su renovación no hubiera sido una cuestión de caridad, la imagen del club queda dañada. Josep María Bartomeu, vicepresidente deportivo de la entidad, que no es precisamente un cargo cualquiera, dijo el 20 de diciembre que “el contrato de renovación de Abidal está redactado y cuando juegue su primer partido lo firmaremos”. Cumplir promesas no debe entrar dentro de los ejemplares valores de los que hace gala el club como gran institución que es. El francés debía haberse convertido, no solo en un elemento útil en la primera plantilla, sino también en una gran imagen para el Barcelona, como fue la de verle levantando la Champions. Ofrecerle un cargo cuando se retire era lo mínimo.

Especialmente sangrante supone ahora recordar una frase de Pep Guardiola al respecto. Abidal firmó su renovación con el Barcelona en marzo de 2012, poco antes de que fuera operado del tumor en el hígado: “Lo que ha hecho el club sobre la renovación de Abidal, sabiendo lo que sabía, demuestra por qué este club es tan grande”. Con la decisión que ha tomado ahora Sandro Rosell el Barcelona se ha empequeñecido. El único grande en todo este asunto ha sido Abidal, que se ha marchado sin una mala palabra pese a la promesa incumplida.

Fernando Llorente