Arola, Bárcenas, Urdangarín y Messi

¡Lectores estén tranquilos! No vamos a hablar de un nuevo tridente ofensivo del Barça. Es más simple. Para algunos, haremos un simple esfuerzo de demagogia. A otros, les haremos pensar durante unos minutos en qué curioso país estamos. Como decía Pep Guardiola, esforcémonos, aunque sea intelectualmente, como el que más para luego ver las cosas al mismo nivel. Así, de primeras, sin entrar en detalles jurídicos, tan importantes en estos temas.

Las supuestas o reconocidas deudas de estas cuatro personas son 300.000 euros, tres millones de euros (curiosamente hace pocos días era “sólo” uno), cinco millones para el Duque y casi seis millones de euros para el crack. El primero anuncia que se va del país arruinado; el segundo está en la cárcel; el tercero, la verdad, no sabemos ni dónde está, y el cuarto está a punto de cerrar el pago de casi 25 millones. Según parece, diez ya los ha pagado. A más dinero, más opciones de estar tranquilo.

Recordando aquella frase de serie B “el desconocimiento no exhime de la culpa”. Todos, los cuatro –desde el primero que lo ha reconocido, lo cuál debería ser un exhimente a los otros dos a los que han pillado– estarían dentro de una hipotética misma categoría, “evadir dinero y no pagar impuestos”. ¡Debería ser lo mismo, pero no!, ya que volvemos a otro clásico del país y el tamaño aquí sí importa. En un fútbol millonario en deudas, el Gobierno permite endeudarse a los clubes más aún –si fueran pymes estarían todas embargadas- mientras que a cualquier desgraciado, simplemente, le precintan su restaurante.

Conclusión del vodevil del país: si debes dinero, ve a lo Messi y nunca a lo Arola. A malas, si te pillan pagas y encima parece que no has hecho nada. Si intentas negociar te dan con la puerta en las narices, te echan del país y eres un mal ciudadano. Por último, ir a lo Bárcenas o a lo Urdangarín parece menos recomendable. Si encima no tienes el olé del pueblo –al estilo circo romano– acabas en la cárcel o en el limbo aunque tu pillada sea inferior a otros más públicos. Al final, por muchos comentarios, demagogias y críticas los números de deuda con Hacienda –donde está el delito– son los que son. Eso es inamovible y sobre eso hay que hablar.

Barella