Cuando Abidal no sirve… por PACO CABEZAS

En el Barcelona de Neymar y Qatar Airways no hay hueco para Abidal. Ya no sirve. El 'més que un club' hace ya demasiado que es un club a secas. Guste o no. Una empresa que poco o nada se diferencia del resto, y en la que el interés meramente comercial prevalece sobre todas esas cuestiones humanas y sentimentales que hacen que cada día millones de aficionados se desvivan por un deporte que pocas veces les corresponde.A Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta les tocó el desagradable papel de verdugos en una durísima ejecución pública retransmitida en directo. Mucho se les ha criticado a ambos por no explicar textualmente las razones por las que el Barcelona se niega a renovar a un futbolista que ha hecho por el club mucho más que otros a los que se les recompensó con un contrato vitalicio sin atender tanto a su rendimiento deportivo. Quizá los rectores de la entidad entendieron que decir públicamente que Abidal (de 33 años y con un trasplante de hígado) difícilmente podría rendir al nivel que exige un equipo totémico como el Barça, no haría más que perjudicar a un hombre que quiere todavía disfrutar con un balón en los pies, no verse aprisionado por una corbata que no haría más que recordarle su derrota.El ofrecimiento ejecutivo a Abidal sonó a eso que a diario suelen escuchar aquellos a los que su jefe les arrebata, de repente, el derecho a trabajar: "No te preocupes, para cualquier cosa que necesites, aquí estamos". Palabras que suelen escurrirse entre las lágrimas.No se me ocurre mejor homenaje que recuperar la entrevista que, junto al periodista Amadeu Garcia, pude hacerle a Abidal en febrero de 2010. Por entonces, a escasos meses de que se le detectara un tumor en el hígado, ya comprendí que se trataba de un futbolista diferente. Un hombre al que no le importaba confesar en una primera charla, emocionado, cómo esquivó aquel destino que parecía llevarle a ser pintor de brocha gorda. La paciencia con la que enamoró a su mujer, su principal apoyo todo este tiempo, en una sociedad tan compleja como la musulmana. Las barreras impuestas por un racismo siempre latente. Y, sobre todo, una forma de vida que, tal y como ha vuelto a quedar comprobado, nada tiene que ver con este negocio al que los románticos llamamos fútbol: "Mis padres me hablaban de la vida, no sólo de deporte. Y me insistían: 'Lo más importante es ayudar a los demás'. Si veo a alguien en la calle que no está bien, si le puedo ayudar, le ayudaré".ENTREVISTA A ERIC ABIDAL (febrero de 2010 / EL MUNDO).Francisco Cabezas / Amadeu GarciaQuizá Eric Abidal (Lyón, 11 de julio de 1979) no pueda acudir esta tarde de miércoles a rezar junto a su compañero Seydou Keita a la mezquita habilitada en un piso del Raval. "Por suerte, dentro de poco abrirán una en Cornellà mucho más grande", advierte. Avisa a sus interlocutores de que tiene algo de prisa. Pasa ya la una y media de la tarde. Pero una vez puesto en materia, evita la tentación del discurso estereotipado del futbolista para compartir con EL MUNDO su trayectoria vital. Se siente pletórico. Y Guardiola lo considera el mejor lateral zurdo del mundo.Pregunta.- Está como una roca.Respuesta.- Porque trabajo mucho para estar a tope, pero a veces es muy complicado. Voy de casa al entrenamiento, y del entrenamiento a casa. Nada más. Tampoco quedo demasiado para salir con amigos.P.- Aparte de su resistencia física, contar con un carácter fuerte se antoja indispensable.R.- Tengo una mentalidad ganadora. De joven, era delantero. Ahora, juego más atrás. No marco goles, no hago nada especial, pero sigo teniendo esa mentalidad. Mi objetivo es no perder, hacerlo siempre lo mejor posible y ayudar, ayudar siempre a los compañeros. Son cosas que sirven también para la vida, no sólo para el deporte. Eso me lo enseñaron mis padres, mis amigos del barrio en el que vivía [Champlong], en el extrarradio de Lyón y, también en la escuela.P.- ¿Qué le decían sus padres?R.- Me hablaban de la vida, no sólo de deporte. Y me insistían: 'Lo más importante es ayudar a los demás'. Si veo a alguien en la calle que no está bien, si le puedo ayudar, le ayudaré.P.- ¿Cómo era su barrio?R.- Uf, era muy complicado. Mis padres trabajaban, pero tenían que mandar dinero a mi país [Martinica], porque allí no había trabajo.P.- ¿En Lyón se las apañaban bien?R.- Había trabajo, pero si no ibas mucho a la escuela, si no conseguías formarte, no podías trabajar. La gente no te querría y no te darían confianza. Todo exigía mucho esfuerzo.P.- ¿Iba habitualmente al colegio?R.- Por supuesto. Vivía bien, pero tampoco con grandes comodidades.P.- ¿Había mucha delincuencia en su entorno más inmediato?R.- En Lyón, en algunos barrios, había gente que robaba, sí, para conseguir dinero.P.- ¿Se vio envuelto usted de joven en algún asunto complicado?R.- No, no. Yo iba de casa al colegio y del colegio a casa. ¡Casi como ahora! Mi madre me decía: 'Si no tienes nada que hacer en la calle, ¿para qué vas a salir?'. Y yo siempre le hacía caso. Sólo salía para ir a jugar al fútbol. Cuando llegaron mis padres a Francia, en los años 70, era muy complicado trabajar. Si eras un poco más moreno que los demás, era aún más difícil encontrar trabajo.P.- A eso se le llama racismo.R.- En todo el mundo es igual. Si dos piden un trabajo y uno es negro y el otro blanco, por favor, la suerte siempre la tiene el blanco. Seguro.P.- ¿También en Cataluña se ha sentido discriminado?R.- Yo no salgo [insiste con una amplia sonrisa]. Mi madre, en cambio, sí notó algo de eso. La primera vez que vino a Barcelona, un hombre de más de 70 años le dijo: '¿Qué hace una negra aquí?'. Mi madre no lo entendió. Mi mujer estaba con ella, pero no comprendía el español. Sólo estaban esperando el autobús y ahora se acuerdan de eso. Eso no puede ser.P.- En su periodo de adaptación ¿le ha sido necesario dominar el catalán?R.- Dejé las clases de catalán a las dos semanas porque no entendía a la profesora. Sólo hablaba catalán o castellano. No entendía nada.P.- ¿Percibe usted diferencias notables entre Cataluña y España?R.- No mucho, porque no conozco la historia entre Cataluña y España. Lo seguro es que el corazón de un catalán es catalán, no es español. Por lo que hablo con mis vecinos, ellos tienen esta mentalidad. Sobre todo lo noté el año pasado, cuando ganamos la Copa. Es la Copa de España. Así que cuando la gana Cataluña, la sensación del pueblo es diferente. Eso no te lo enseña el club, pero tú lo ves.P.- Si no hubiera tenido suerte con el fútbol, ¿cómo habría sido su vida?R.- Estudié decoración. Así que sería pintor de brocha gorda, como un amigo que aún se dedica a eso. También pondría parquets, techos falsos, esas cosas... Me dediqué a eso durante tres años, hasta que firmé mi contrato con el Mónaco.P.- ¿Pinta las paredes de su casa?R.- ¡Claro! Por ejemplo, hasta he pintado la casa de algunos jugadores.P.- ¿Del Barça?R.- No, no. Eso fue cuando estaba en Francia. La de Bodmer, del Lyón. La de Chalme, del Burdeos. Y la del doctor de la selección, al que le hice la cocina de su casa.P.- ¿Y todo gratis?R.- Claro. Ellos sólo tenían que poner la pintura. Luego, una cena y arreglado. Es lo que decía antes. Si puedo ayudar, ayudo.P.- ¿Podría decirse que se considera un hombre afortunado?R.- En la vida, sí, por supuesto. Con el fútbol, no sé si es suerte. La suerte hay que buscarla.P.- Le costó fichar por el Lyón. Le rechazó en repetidas ocasiones.R.- Eso fue de joven. Hacía pruebas, entrenamientos y, según tu nivel, te decían si valías o no. Lo malo es que yo de joven era pequeño, seco, sin físico ni nada. Era goleador, eso sí.P.- ¿Goles? ¿Como profesional ha conseguido marcar alguno?R.- Claro que sí. Con el Lyón conseguí dos muy importantes. Uno en 2007, en las semifinales de la Copa de Francia. Jugábamos contra el Le Mans. Y yo marqué el gol del triunfo, el que nos dio el pase a la final.P.- ¿Recuerda cómo fue?R.- [A Abidal se le ilumina la cara y dibuja con los dedos las jugadas de sus dos únicos tantos de su carrera] Me interno por la banda, Malouda me dobla, la paso a Juninho, él abre para Malouda, Malouda me la devuelve, chuto, y ¡gol!P.- ¿Y el otro?R.- Fue contra el Lille, otra vez en la Copa. Creo que en 2005. Fue de córner, peinó Nilmar y yo rematé en el segundo palo.P.- Su cuenta pendiente sigue siendo marcar con el Barcelona.R.- Yo subo cuando el balón está en juego, pero en todas las faltas o córners siempre me quedo atrás. No puedo hacer un gol desde 80 metros.P.- Y sus compañeros ¿le gastan bromas al respecto en el vestuario?R.- Puede ser [ríe con ganas]. Pero el día que marque, ya verán. Daré tres vueltas al campo.P.- Eso es que se reserva para un duelo realmente importante.R.- No [se pone serio]. Será en la final de la Champions, en el Bernabéu, en Madrid. Seguro.P.- ¿Se considera un hombre de fe? ¿A qué edad entendió que el Islam debía ser uno de los pilares de su vida?R.- Empecé a sentir curiosidad a los 15 años. Todos mis amigos eran musulmanes. Eso sí, mis padres son católicos. Había gente que, al salir de la mezquita, hablaba con los jóvenes del barrio. Yo les escuchaba y acabé comprándome un Corán. Todo lo que leí allí me gustó mucho.P.- ¿Le ha ayudado en su carrera deportiva?R.- No sé si me ayuda. Lo que sé es que después de rezar, algo que hago cada día, me siento muy bien.P.- Su esposa también es musulmana. ¿Tuvo eso algo que ver en su decisión de convertirse al Islam?R.- No, no. Cuando me convertí aún no estaba con ella. Conocía a sus hermanos, que tenían más o menos la misma edad que yo. A ella todavía no. En mi barrio, cuando una chica sale a la calle, no puedes ni mirarla.P.- ¿No? ¿Por qué?R.- Uy, es complicado. Me habrían pegado si me hubieran visto con ella.P.- ¿Cómo pudieron enamorarse?R.- Con 21 años me fui a Mónaco. Eso facilitó mucho las cosas. Hablé primero con una chica francesa amiga suya, ella nos presentó, le pedí el teléfono, nos mandábamos mensajes... Siempre hago las cosas bien. Hablé con sus hermanos, con sus padres, para saber si ellos estaban de acuerdo con nuestra relación. Primero, pedí la aprobación de toda su familia. Si no la hubiera tenido, no habría hecho nada más.P.- ¿Lleva siempre el Corán?R.- Siempre que voy de viaje, sí.P.- ¿Y qué siente cuando lo lee?R.- El Corán es muy complicado. La primera vez que lo lees, es fácil que no entiendas nada. Yo no entendí nada. La segunda vez, comprendí un poquitín. La tercera me leí el libro del tirón. Ahora voy por la cuarta... ¡Y lo entiendo todo!PACO CABEZAS / elmundo.es
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