El Barcelona y la gestión del fracaso parcial… por Mariano Jesús Camacho

El Barcelona, este Barcelona ya tiene su remontada pero más allá del momento histórico vivido en el Camp Nou, el fútbol nos llama una vez más a la reflexión, pues aunque sea momento para disfrutar, para el goce de la afición azulgrana, bien vendría un análisis objetivo de lo conseguido y especialmente de lo sucedido.Para ello si tuviera que pedir consejo sobre la montaña rusa de emociones y opiniones, vividas y vertidas en tan solo quince días, recurriría sin duda a la juiciosa experiencia de cualquiera de los tenistas del top mundial.  Rafa Nadal, Djokovic o Federer, cada uno de ellos nos podría hacer una crónica perfecta de lo experimentado, conseguido y perdido por el FC Barcelona. No en vano a mi juicio el tenista profesional es el deportista que se enfrenta con más asiduidad al éxito y el fracaso deportivo, pues su gestión de las emociones no queda reducida a un torneo, partido o temporada, sino minimizada a cada bola y cada punto disputado en un solo partido.Los tenistas son auténticos maestros en la gestión del fracaso y el éxito, y aunque estos vienen determinados por una diversidad enorme de factores, en los que juegan el estado físico, el conocimiento del juego del rival, las decisiones tomadas un segundo antes de golpeo, la fuerza y precisión del mismo, la intensidad del juego, la calidad del entrenamiento, no hay lugar a la duda para aseverar que los tenistas son deportistas especialmente cualificados en la fortaleza mental. En definitiva, en esa admirable gestión del éxito y el fracaso que demuestran poseer, para jugar con idéntica competitividad cada punto del juego y cada bola del partido. Por eso son números uno, pues en el circuito del tenis profesional hay tenistas que juegan como los ángeles, pero solo los elegidos pueden llegar a competir al máximo nivel, minimizando al extremo sus errores y rentabilizando al máximo sus aciertos.Y para un deporte tan intenso como el fútbol, el tenis podría ser espejo y ejemplo de lo que intento exponer. Hace unos días vi a Tito en Nueva York viendo un partido de Rafa, que acudió invitado por el tenista manacorí y su entorno. Puede que viendo a Rafa jugar, perder y ganar cada punto, Tito (que sigue gestionando su victoria personal), encontrara las claves para gestionar los fracasos y éxitos parciales del Barça en el último mes de competición.  Posiblemente y con buen juicio llegó a la conclusión de que su equipo ya había demostrado sobradamente que sabía gestionar como pocos el éxito, que en ese sentido todo estaba controlado, pero albergaba dudas en la forma en la que gestionaría el fracaso parcial que constituyó la dolorosa derrota 2-0 ante el Milan. Especialmente porque el Barça no estaba habituado a caer con tanta rotundidad y un marcador que generó inseguridades.Su Barça, el Barça de Tito que no había cuestionado el modelo, sino que había matizado el estilo suavizando su horizontalidad para potenciar la verticalidad, se encontró con la contrapartida de que la verticalidad mal gestionada se pagaba con goles, por lo que si el equipo dejaba de jugar como tal, si bajaba su intensidad en la presión y la velocidad en la circulación de un balón que es la filosofía, podía pagarlo con derrotas como las que encajó ante Milan y Madrid. En esa gestión del fracaso parcial, la duda se instaló en el atávico e histórico pesimismo culé, que de una mañana a otra lo vio todo perdido, pero no en Tito, Roura y sus jugadores. Los futbolistas y el cuerpo técnico en su gestión del fracaso y el éxito parcial, llegaron a la conclusión de que ni siendo los mejores, ni jugando como los ángeles, podían conseguir nada, si el talento no iba acompañado por la fuerza mental e intensidad que exige el fútbol de máxima competición.Por ello los claros mensajes enviados en la citada dirección de los pesos pesados del vestuario. De ahí la histórica remontada, y por ello ese rostro nuevamente reconocible del Barça en el Camp Nou, pero este éxito parcial que ahora parece enterrar todos los fracasos parciales, es gran enseñanza para una plantilla que nada tenía que demostrar, pero a la que aún le quedaba algo por aprender.Sin intensidad, sin presión, sin fortaleza mental no es posible la excelencia, y aunque se tomaron medidas sobre los múltiples factores que entran en juego durante un partido, como volver a Villa en su posición natural fijando centrales y a un Messi liberado, estas pequeñas trampas estratégicas, que no tardarán en encontrar una respuesta táctica del próximo rival, no habrían servido de nada sin la intensidad y fuerza mental de un equipo que ha recuperado su nivel de auto exigencia y excelencia, que no de autogestión. Pues un equipo jamás se auto gestiona, sino que gestiona éxitos y fracasos cada día, como hacemos todos y cada uno de nosotros en nuestra vida cotidiana.Por ello el fútbol aun siendo distinto a todo, sigue reflejando la cotidianidad y encuentra paralelismos con otros deportes, en este caso con el tenis, pues el Barça que salió con la fortaleza mental de un tenista profesional, salvó y ganó una bola de partido, para conseguir de forma brillante un éxito parcial que no le convierte en favorito para la victoria final, pero que le servirá de lección en el futuro. Pues en la crónica exprés del partido encontramos a un Milan que no superó la línea del miedo y no supo rentabilizar al máximo una ocasión que podría haber cambiado el curso de la eliminatoria, y a un Barça que siendo fiel a su estilo, se reencontró con su mejor versión gracias a la intensidad en la presión, la circulación rápida del balón, las variantes tácticas, la solidaridad en el esfuerzo, la genialidad habitual de Leo Messi y la recién estrenada capacidad de autocrítica de la plantilla, punto de partida para gestionar los fracasos parciales y punto de partido que les llevó a una remontada histórica ante el Milan.Mariano Jesús Camacho / cartasesfericas.vavel.com
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