El legado de la era de Barcelona… por Fernando Pacini

Las evoluciones son lentas; los cambios que las provocan, incluso, a veces no son visibles para los contemporáneos; precisan de la perspectiva del tiempo. Ni siquiera los grandes quiebres se adivinan como nuevas eras en el momento en el que se producen. Luego, el tiempo nos permite retirarnos levemente para observar mejor el panorama y hacer las clasificaciones correspondientes.El fútbol no escapa a esa lógica y los últimos años nos señalan, aunque sea mínimamente, hacia adónde va el juego. Barcelona fue a la vanguardia. Alguna vez iba a pasar que perdiera como perdió, dominado, con sabor a final, pero lo significativo es el legado que deja, el club, su modelo, Guardiola, y una generación fascinante de futbolistas, con Messi a la cabeza.Mil veces se dijo que es imposible copiar a Barcelona. Sin embargo, quien más quien menos, todos le han copiado o le van a copiar algo, porque eso es lo que sucede cuando alguien impone una tendencia tan potente que atraviesa su tiempo: todos se contagian un poco. Los equipos de estos días, van a pertenecer a "la era del Barça". No es una moda, en general, cambiantes y superfluas; Barcelona lideró una revolución cuyas consecuencias, para el resto, no son una opción; son inevitables.Esta semana de Champions fue una pieza magnífica del muestrario de la época. Sin Barcelona, posiblemente no hubiera habido un Bayern Munich tan excelso como el actual, ni un Borussia Dortmund tan creativo y potente, ni tan siquiera, un Real Madrid perfecto en su rol "antítesis". Barcelona elevó el nivel de todos sus adversarios, los exigió hasta el límite y los mejoró. La vara nunca estuvo tan arriba.Los actuales equipos de referencia mundial, entre ellos los semifinalistas de la Champions League, se diferencian en mil cosas, pero todos comparten los 3 o 4 preceptos básicos de esta era flamante: la importancia de una buena calidad de posesión, la amplitud ofensiva, los extremos, el desborde, la asociación entre sus futbolistas, el pase (sobre todo), la presión para recuperar, la simetría, la imaginación, la importancia central de comenzar jugando desde el arquero, los beneficios de superar líneas rivales sin dividir con pelotazos largos; en definitiva, un fútbol más técnico, más conceptual, más difícil, más lindo. Hacia allí va el fútbol de estos tiempos, con el juego en el centro de la escena. Sin embargo, el fútbol argentino a veces parece ir a contramano, sin interés de ninguna reforma y con la pelota por el aire, salvo un puñado de equipos que, justamente, son los que mejor juegan.Fernando Pacini / LANACION
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