El mensaje de Neymar… por RUBEN URIA

Dicen quienes le conocen en las distancias cortas, que Sandro Rosell suele tener más confianza en los jugadores que en los directivos y los entrenadores. Quizá Neymar sea una prueba de eso. No es que el cuerpo técnico no valorase positivamente el potencial del brasileño, sino que Rosell siempre tuvo predilección por su fichaje. No es que a los entrenadores del Barcelona no les hayan seducido las cualidades del brasileño, es que a Rosell le han enamorado. Y no es que el Barcelona tuviese la necesidad perentoria de fichar a Neymar, pero Rosell entiende al brasileño como una pieza que, fusionada con Messi, puede hacer el Barcelona un equipo imparable, dentro y fuera del campo. Neymar llega como apuesta personal del presidente. Y como todas las apuestas personales, el producto tiene contraindicaciones. Si Neymar justifica lo que ha costado, ofrece el rendimiento esperado y acaba triunfando,  Rosell repetirá el éxito de Ronaldinho, que llegó al Barça gracias a sus gestiones. Y si Neymar no se adapta, si no encaja en el equipo y acaba fracasando, será la bala de plata definitiva que usen los enemigos de presidente para pasarle factura y desprestigiarle en futuras elecciones. Son las reglas del juego.El presidente del Barcelona, que primero bloqueó el acuerdo con el Real Madrid, luego tomó la delantera en la negociación y finalmente se aseguró al jugador, ha conseguido lo que perseguía. Al fin, tiene a Neymar. El jugador que realmente siempre quiso tener. Al club le costará 57 millones de euros (versión oficial, según Barça), quién sabe si más (versión oficiosa, rumores de coste de 90 millones). La letra pequeña de su contrato se resguardará en unas cláusulas de confidencialidad que impedirán que se conozca el precio real del jugador y el desglose de su fichaje. Lo que sí es público es que el brasileño conservará el 100% de sus derechos de imagen, reservándose el club un porcentaje de los futuros contratos que se gestionen ambas partes. Neymar es una industria, funciona como un holding empresarial, tiene en nómina más de veinte empresas y siempre ha sido, además de un gran jugador, una pieza estratégica en el mercado. Una mina de oro.Abrumado por las expectación y responsabilizado por el dinero que ha costado, Neymar ha sido una fotografía de contrastes: una presentación fastuosa con el contrapunto de unas palabras sencillas; ruido en la grada frente a discreción en el micrófono. ‘No valgo 57 millones de euros’.  Una frase que no corresponde a una personalidad frívola, ni a un consentido con ínfulas de niño vanidoso. La confesión de Neymar entraña responsabilidad. Es una declaración de intenciones acerca de cómo quiere que le mire el público. No se arroga el papel de estrella, no presume cuando podría hacerlo y se muestra humilde en toda la extensión de esa palabra. Una palabra de la que se abusa, en el fútbol y en el periodismo, pero que ayer fue la coraza de Neymar. Su ejercicio de humildad, sea sincero o sea impostado, sea espontáneo o sea diseñado,  habla bien de un jugador que sabe cómo ganarse al público. Neymar se comportó en su primer día de colegio con una madurez impropia de su edad. En cada una de sus palabras demostró tener un IKEA en la cabeza.Ante más de cincuenta mil aficionados y después de una kilométrica conferencia de prensa,  el brasileño interiorizó su misión en el Barça y la refrendó con palabras: “No me preocupa ser el líder del equipo y nunca me ha preocupado ser el mejor jugador del mundo. El mejor está aquí y es Messi. Es una suerte y un honor poder jugar junto a él y ayudarle a que siga siéndolo y a que gane más Balones de Oro”. Si el principal miedo de muchos culés era entender a Neymar como un cuerpo extraño que podría alterar la jerarquía del grupo, él se encargó de reventar ese prejuicio. Llega para sumar, para ser actor secundario, para cohabitar. Messi es la estrella y él se conforma con ser asteroide. Messi es el centro de gravedad del equipo y él tendrá que orbitar para ganarse el respeto. El discurso del brasileño, espontáneo o diseñado, fue uno de los más humildes que se recuerdan en tiempos en los que cada fichaje que llega dice que vale lo que se ha pagado por él. El mensaje de Neymar fue correcto. Ahora faltan los hechos. Que hable con el balón.Rubén Uría / Eurosport
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