El gol temprano de Viktor Tsygankov al minuto 16 marcó el partido y obligó a un Deportivo Alavés a remar a contracorriente en Montilivi
La derrota dolió más por las formas que por el marcador. El Deportivo Alavés salió desconectado, lo pagó temprano y ya fue cuesta arriba. En la segunda parte mejoró, empujó y generó, pero sin eficacia para mover el resultado.
El gol de Viktor Tsygankov, de cabeza tras un centro dirigido al corazón del área, decidió el duelo en el Estadi Municipal de Montilivi y dejó a los de Eduardo “Chacho” Coudet con sensación amarga. El técnico argentino lo dijo sin rodeos en sala de prensa: “En esta liga no puedes entrar dormido”.
Una primera parte irreconocible y un rastro de imprecisiones que costaron el partido desde muy temprano
Los 45 minutos iniciales del Alavés fueron todo lo contrario a lo que suele ser el equipo: poca intensidad, duelos perdidos y un ritmo bajo que permitió al Girona instalarse cómodo en campo contrario. Aunque la ocasión más clara fue visitante un remate de Denis Suárez que pudo cambiar el guion la sensación general no convenció al entrenador.
Coudet lo analizó con autocrítica: “Sentí que no éramos nosotros”. Y no le falta razón: faltó agresividad en el mediocampo, faltó rigor defensivo y, sobre todo, faltó concentración en la acción del 1-0. El centro lateral encontró al Girona atacando con facilidad y Youssef Ramalho (Yusi) quedó retratado: demasiado espacio, demasiada comodidad para el rematador.
El técnico fue claro: “Los goles son puntos”. En una liga tan ajustada, regalar uno a los 16 minutos es como jugar con mochila.
El equipo cambió tras el descanso, tuvo balón, empuje y llegadas… pero la puntería no acompañó
En la segunda mitad sí apareció el Deportivo Alavés reconocible. Más presión, más ritmo, más valentía. Jon Guridi, Aleñá, Carlos Vicente y Mariano dieron un paso al frente para empujar líneas y meter al Girona en su área. Sin embargo, faltó el último pase, ese metro final donde se deciden los puntos.
Coudet lo explicó con un tono más positivo: “El partido terminó siendo parejo. En la segunda mitad tengo la sensación de que pudimos empatar tranquilamente”. La realidad es que el Alavés estuvo más cerca del 1-1 que el Girona del 2-0, pero el marcador no se movió.
El argentino no quiso excusarse en ausencias por lesión o sanción. Viajes, rotaciones o bajas no son argumentos para él:
“Los que juegan están preparados y deben estar a la altura”. El mensaje fue para dentro y para fuera.

Llega el parón: dos semanas para corregir errores, recuperar piezas y evitar que esta derrota duela más de la cuenta
Ahora, la pausa por selecciones cae como agua fresca para un vestuario que necesita resetear. Quince días sin competición permitirán trabajar automatismos, afinar mecanismos defensivos y, sobre todo, corregir arranques fríos como el de Montilivi.
También servirá para sumar a Jon Pacheco, que entró en convocatoria pero todavía no tiene el ritmo ideal, y para recuperar a Lucas Boyé, sancionado pero presente junto al grupo. Gestos así pesan en un vestuario: cuando los lesionados y sancionados viajan, es porque el equipo quiere remar junto.
Queda tiempo, pero el margen es fino. El Alavés siente y lo reconoce Coudet que podría tener más puntos de los que muestra la tabla. Lo que falta ya no es fútbol ni esfuerzo: es no regalar minutos que valen partidos.




