El delantero vuelve al grupo y reactiva los automatismos ofensivos que explican la identidad reciente del equipo babazorro
Para Eduardo Coudet, Lucas Boyé no es solo un delantero centro funcional. Es la pieza que ordena la presión, fija defensas y conecta el juego directo con la segunda línea. Tras perderse la última jornada, su regreso a los entrenamientos este lunes ha supuesto un impulso inmediato en Ibaia. El cuerpo técnico interpreta su vuelta como una señal clara de normalidad competitiva.
El argentino es quien baja balones comprometidos y permite que futbolistas como Luis Suárez, Ander Guevara y Carles Aleñá lleguen con ventaja. Su ausencia había diluido parte del plan ofensivo. Con él, el equipo recupera referencias claras. Esa es la lectura interna del regreso.
La sesión se desarrolló con normalidad y sin restricciones físicas. Boyé completó el trabajo al mismo ritmo que el grupo. En el club confían en que su disponibilidad marque el inicio de 2026 con sensaciones reconocibles.
Mendizorroza se prepara para una cita exigente donde la presencia del delantero cambia el guion táctico previsto
El duelo del domingo ante el Real Oviedo aparece marcado en rojo en el calendario. No solo por el rival, sino por el contexto competitivo tras el parón. Con Lucas Boyé al cien por cien, el Deportivo Alavés recupera presencia y carácter en área rival. Esa amenaza condiciona al oponente desde el primer minuto.
En Mendizorroza se valora especialmente su capacidad para sostener ataques largos. Sin él, el equipo perdía continuidad y peso ofensivo. Con su regreso, el once recupera equilibrio. Coudet trabaja ya con la idea de alinearlo desde inicio.
El ambiente en Vitoria acompaña esta expectativa. La afición identifica a Boyé como una figura que marca diferencias silenciosas. Su impacto no siempre se mide en goles, sino en control del ritmo y espacios.

La gestión del grupo y el ajuste táctico explican una semana centrada en competitividad y precisión colectiva
Más allá del regreso de Lucas Boyé, la semana ha dejado lecturas internas relevantes. Mariano Díaz y Moussa Diarra, pese a no entrar en los planes inmediatos, mantienen una actitud profesional constante. Entrenan al máximo nivel y elevan la exigencia diaria. Ese compromiso es valorado por el cuerpo técnico.
Coudet entiende que la armonía del vestuario se construye también desde estos gestos. La competencia interna evita relajaciones y refuerza el bloque principal. En un calendario exigente, ese detalle suma estabilidad.
En lo táctico, la sesión sirvió para afinar conceptos tras el descanso. Se trabajaron ajustes físicos y mecanismos de presión coordinada. Con casi toda la plantilla disponible, el técnico pudo ensayar movimientos específicos. La idea es clara: llegar al domingo con un equipo reconocible, intenso y ordenado.





