El conjunto babazorro levanta un 3-0 en contra ante el Celta en apenas media hora; el técnico madrileño confiesa que «nunca» había vivido algo igual en su carrera en este marzo de 2026
El fútbol ha vuelto a demostrar por qué es el deporte más imprevisible del mundo. En este domingo 22 de marzo de 2026, el Deportivo Alavés ha firmado una de las páginas más brillantes de su historia reciente al remontar un 0-3 adverso en el Estadio Abanca Balaídos frente al Celta de Vigo. Lo que parecía una tarde de pesadilla para los vitorianos se transformó en un triunfo memorable que Quique Sánchez Flores, visiblemente emocionado, calificó como una experiencia sin precedentes personales: «En el fútbol siempre hay margen para lo inesperado».
La clave del vuelco reside en los ajustes tácticos tras un primer tiempo donde Ferran Jutglà campó a sus anchas. Quique reveló que la instrucción en el vestuario fue clara: reducir la altura de los atacantes y encomendar a Antonio Blanco la vigilancia intensiva sobre el delantero catalán. Estos cambios, sumados al gol psicológico antes del descanso, permitieron al Alavés controlar la segunda mitad con una intensidad que desbordó por completo al conjunto vigués. Por consiguiente, lo que era frustración se ha convertido en un impulso anímico vital para un equipo que venía de semanas muy complicadas.
El impacto psicológico del gol antes del descanso
Más allá de la pizarra, el fútbol es un estado de ánimo, y el Alavés supo encontrar el suyo en el momento más crítico. El gol logrado en el minuto 44 no fue solo un descuento en el marcador; fue el combustible que permitió a la plantilla creer en lo imposible. Quique Sánchez Flores enfatizó en la rueda de prensa posterior que ese tanto cambió por completo el discurso en el vestuario: de la frustración por el 3-0 se pasó a la convicción de que el Celta era vulnerable.
Sin duda, la fortaleza mental mostrada por los jugadores albiazules en la segunda mitad es digna de estudio. Mientras el Celta se hundía víctima de sus propios nervios y del fantasma de la remontada, el Alavés crecía con cada duelo ganado. La entrada de aire fresco desde el banquillo y la precisión en los momentos de máxima tensión demostraron que este equipo ha madurado emocionalmente bajo la tutela de Quique. Por esta razón, el triunfo en Vigo se recordará no solo como una victoria táctica, sino como un monumento a la fe inquebrantable en este 2026.





