El Athletic se inquieta e impacienta con Álvaro Djaló. Cedido en el fútbol catarí, el delantero no levanta cabeza.
La aventura de Álvaro Djaló en Catar ha arrancado con más sombras que luces. Tras comenzar como titular en el Al-Gharafa, cedido por el Athletic tras convertirse en uno de sus fichajes más caros, sus primeras actuaciones resultaron discretas y pronto quedó relegado al banquillo.
En apenas dos meses desde su llegada, el atacante busca los minutos que le faltaron en Bilbao, donde fue el jugador número 22 en participación la pasada temporada. Sin embargo, el hispano-bisauguineano disputó 10 encuentros y su protagonismo fue decreciendo en el equipo.
Bajo supervisión del Athletic
El director deportivo bilbaíno, Mikel González, afirmó que el club realiza un minucioso seguimiento del desempeño de Djaló, a la vez que reconoció que el jugador no está teniendo la evolución esperada. Sin embargo, no le cerró las puertas a la etapa del ex Braga en San Mamés.
«Hacemos videollamadas analizando sus partidos y Álvaro está metido en esa rueda”, dijo González, que puso como ejemplo a Laporte. El zaguero llegó a Bilbao tras una aventura en el Al Nassr saudí y, hoy por hoy, es una pieza clave del esquema de Valverde.
La promesa que decepcionó
Álvaro Djaló llegó al Athletic Club como una de las apuestas más ambiciosas del proyecto, con un coste de 15 millones de euros fijos más 5,5 en variables, procedente del Braga. Sin embargo, su adaptación fue complicada: en 17 partidos disputados apenas sumó un único gol.

El sueño mundialista truncado
A sus 26 años, Álvaro Djaló sueña con estar en el Mundial 2026 que se disputará entre Estados Unidos, Canadá y México. El atacante debutó con Guinea-Bisáu ante Egipto por las eliminatorias africanas. Lamentablemente, los djurtus perdieron los dos partidos en el parón y quedaron fuera de las posibilidades de ingresar a los playoffs.
Cuando termine su aventura en el fútbol catarí, Djaló deberá regresar a Bilbao, ya que la cesión no incluye opción de compra obligatoria. En Lezama lo esperan, pero la paciencia tiene límites.




