El centrocampista del Bilbao Athletic salió al césped de San Mamés y dejó datos para el optimismo pese a la amarilla
Eder García debutó con el primer equipo del Athletic Club ante el Elche CF. Veinte minutos en el césped de San Mamés. Los suficientes para dejar una tarjeta de presentación más que digna.
El centrocampista del Bilbao Athletic completó 9 de 10 pases, un 90% de acierto. En campo rival fue algo menos fino, con un 75%, pero en su propia mitad no falló ninguno: 6 de 6, el 100%. Acumuló 12 toques y perdió el balón una sola vez.
Los números que avalan su actuación
Los datos de movilidad también hablan bien de su implicación. García recorrió 23,4 metros con balón y registró 13,1 metros de progresión total. Sumó además una recuperación, señal de que no se limitó a circular el esférico sino que también compitió sin él.
La única nota negativa fue la tarjeta amarilla. No empañó la actuación, pero es un detalle a corregir en los próximos minutos que le toque sumar.
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Un debut para recordar en la Catedral
Valverde apostó por él en un momento delicado del partido. García respondió con orden, limpieza en el pase y presencia física. Para ser su primera aparición con el primer equipo, el listón quedó alto. Eder García ya tiene su primer partido con el Athletic Club y el debut dejó sensaciones contradictorias. Dos cosas llamaron la atención, una para bien y otra para mal, y ambas merecen análisis.
Lo primero que sorprende, y gratamente, es su capacidad física. Verle esprintar con el cuerpo que maneja es llamativo. Su velocidad y aceleración están muy por encima de lo que su complexión podría hacer esperar, y lo que más impresiona no es solo su arranque hacia adelante sino cómo recupera metros hacia atrás cuando la situación lo exige. Eso no es fácil, y en un Athletic que necesita intensidad defensiva en todas sus líneas, ese perfil tiene valor real.
Pero hay una cara menos atractiva del debut. Con balón, Eder García arriesga muy poco. Le cuesta dar pases verticales, evita las líneas de pase que implican riesgo y recurre con demasiada frecuencia al pase de seguridad o al pase a banda. Una tendencia que no es necesariamente un defecto de base, pero que en un equipo como el Athletic, que necesita velocidad en la transición y capacidad para romper líneas, puede convertirse en un freno si no evoluciona.





