Un triunfo corto pero muy necesario para los de Valverde en San Mamés
El Athletic Club necesitaba ganar como quien necesita aire tras una larga carrera. El equipo de Ernesto Valverde llegaba a San Mamés con dudas, tres partidos sin victoria y una grada impaciente. El visitante, el Real Oviedo, colista y con urgencia absoluta, no vino a ver qué pasaba, vino a competir. El resultado fue un partido áspero, con VAR protagonista, un gol anulado, un posible penalti revisado y un 1-0 que sabe a oro porque el momento lo exigía.
El gol llegó pronto. En el minuto 25, un centro perfecto de Aymeric Laporte encontró la cabeza de Nico Williams, que remató con una potencia milimétrica. Ese tanto no solo adelantó a los leones, también calmó la ansiedad del estadio. Hasta ahí, todo parecía controlado. Pero el fútbol siempre guarda una sorpresa.
El VAR frenó al Oviedo y mantuvo vivo al Athletic
Porque apenas tres minutos después, el Real Oviedo celebraba el empate. Ilyas Chaira marcó y en la banda se preparaban los abrazos. Sin embargo, el VAR intervino. La revisión fue rápida pero dolorosa para los asturianos. Fuera de juego claro y gol anulado. Una jugada que cambió el ánimo del partido.
No fue la única. Justo antes del descanso, el VAR revisó un posible penalti para el Oviedo. Hubo contacto. Hubo reclamaciones. Hubo tensión. Pero el árbitro mantuvo la decisión original. Nada de penalti. El descanso llegó con enfado visitante y alivio local.
Mientras tanto, el Athletic insistía, pero sin la claridad que acostumbra. Tuvo la pelota menos que su rival (48% por 52%), pero remató veinte veces. El problema no fue producir, sino acertar. El Oviedo remató cuatro, pero cada llegada parecía un riesgo después de los sustos del primer tiempo.
La entrada del banquillo y el papel de los veteranos
El segundo tiempo mostró la otra cara del partido. El Athletic quiso contemporizar. El Oviedo quiso rebelarse. Valverde movió el banquillo para refrescar oxígeno. Entraron Unai Gómez, Robert Navarro, Mikel Vesga y Alejandro Rego para sostener un centro del campo que había empezado a sufrir.
El equipo bilbaíno defendió su ventaja con oficio. Daniel Vivian y Laporte dominaron el juego aéreo. Gorosabel cerró su banda y Yuri se fajó en cada duelo. Unai Simón apenas necesitó aparecer, pero cuando lo hizo, ejecutó con calma de portero grande. El partido olía a 1-0 desde hacía rato.
Un Oviedo valiente pero sin pólvora
El Real Oviedo no fue un colista cualquiera. Compitió, tuvo la pelota y generó sensación de peligro, pero le faltó filo. Rondón chocó más de lo que remató. Reina, Viñas y Chaira se movieron entre líneas, pero sin último pase. Y cuando encontraron premio, el VAR lo negó.
Los números son fríos y duros: cuatro tiros en todo el partido. Con esa cifra, puntuar en San Mamés es una quimera. Aun así, el esfuerzo fue real. El equipo se dejó el alma y se marchó con la cabeza baja, pero sin sensación de ridículo.
Un respiro en la tabla y un futuro lleno de presión
El triunfo deja al Athletic Club con 17 puntos, séptimo clasificado y acechando zona europea. Para un equipo golpeado por lesiones y dudas, cada victoria es un ladrillo emocional.
El Real Oviedo, en cambio, queda último con ocho puntos. La amenaza del descenso ya no es un aviso, es una evidencia. El problema no es el juego, es la falta de gol. Sin acierto, el castigo es inevitable.
El parón llega para curar piernas y cabezas. Para los leones, sirve para recuperar lesionados. Para los asturianos, para revisar lo que falta.





