Laporte estaba a un paso de volver a Bilbao, pero una lesión muscular ha detenido todo. El Athletic, necesitado en defensa, observa con cautela mientras su fichaje estrella queda en suspenso
Aymeric Laporte vive una ironía cruel, estaba a un paso de volver a casa y, de pronto, su propio cuerpo ha levantado el muro más alto. Una lesión en el tendón de la corva, precedida por problemas de espalda, lo ha dejado fuera de combate justo cuando el Athletic Club esperaba su fichaje como agua de mayo. En Al-Nassr, mientras tanto, esperan los resultados médicos que pongan cifras al tiempo perdido, como si cada día lesionado fuera una moneda que cae al suelo y nadie se atreve a recoger.
En Bilbao, las expectativas han pasado de la euforia a la cautela en cuestión de horas. El fichaje, que parecía una formalidad, se ha congelado en ese limbo burocrático donde los sueños deportivos se topan con la realidad contractual. El central francés-español está, literalmente, atrapado entre dos mundos, el de la promesa de Ibaigane y el de la exigencia saudí, que no suelta piezas sin cobrar su precio entero.

Una defensa en jaque
Mientras Laporte lidia con la camilla, el Athletic mira su zaga y cuenta bajas como quien repasa deudas, Yeray sancionado, Egiluz en rehabilitación y Paredes con molestias persistentes. El refuerzo ideal está ahí, pero no puede moverse. Un escenario casi teatral, un club que necesita un salvavidas observa cómo este se le escapa flotando, por pura mala sincronía.
La lesión no solo compromete plazos; plantea un dilema estratégico. ¿Fichar a un jugador lesionado con fe ciega en su recuperación, o virar el timón hacia otras opciones menos románticas pero más seguras? En Ibaigane, la prudencia domina, aunque bajo la superficie late una ansiedad evidente, el tiempo corre, y la defensa sigue desnuda.
Dudas, plazos y decisiones urgentes
El futuro de Laporte parece un tablero de ajedrez donde cada movimiento depende del anterior. Puede quedarse en Arabia, cerrar compromisos en Asia o volar a Europa para iniciar la recuperación. Cada decisión pesa más que su propio tendón lesionado, porque el Athletic necesita certezas que ahora mismo son humo.
Lo que hace apenas días era un regreso cantado se ha vuelto una novela de suspense. Bilbao sigue soñando con el hijo pródigo que regresa, pero cada jornada sin noticias es una página arrancada del calendario. En el fútbol, como en la vida, los reencuentros no siempre llegan a tiempo. Y en este caso, parece que el reloj, cruel e impasible, juega en contra de todos.


