El muro de cristal de Lezama: la lista de ‘parches’ de Valverde que bloquea el paso a los centrales del filial

Periodista Deportivo |

El Athletic naufraga en las áreas y termina el 2025 en una exhibición de impotencia. Lezama puede resultar un salvavidas, pero Valverde mira hacia otro lado.

Una derrota que marcó la tendencia del año: fallos a la hora de definir en el arco rival y errores en la retaguardia. El nivel del Athletic en este primer tramo de la temporada es preocupante y muchos futbolistas están en el ojo del huracán.

En este complejo panorama, Valverde tiene en Lezama una solución visible a sus problemas. No obstante, el Txingurri sigue optando por darle la titularidad a los habituales, pese al flojo desempeño y al desgaste entre Liga y Champions.

Una defensa partida y con maquillaje

En el bloque bajo solo Vivian y Paredes son los indiscutibles. A esa nómina se suma Yeray, cuando no está tocado. Lo que está en la mesa de discusión son sus relevos en forma de parche: Lekue, naturalmente lateral, y Vesga, mediocentro clásico, se desplazan a la zaga.

En ese sentido, el entrenador no mira hacia abajo para probar soluciones frescas. Lezama, cuna de la filosofía del club, parece estar en pausa en estos momentos. El fichaje de Laporte es un claro ejemplo que avala el tapón a los canteranos.

Otro caso es el de Unai Egiluz, que formó parte del Mirandés la temporada pasada y parece tener más consideración que los juveniles. El zaguero de Durango se rompió los cruzados y regresará para marzo de 2026.

Los tapados de Lezama

Iker Monreal y Aimar Duñabeitia simbolizan una forma de entender la defensa muy de casa, muy de Lezama. El primero, fijo en el eje del Bilbao Athletic, destaca por contundencia, lectura y jerarquía en el duelo; el segundo ofrece sobriedad, orden y una fiabilidad sin ruido que rara vez se valora. Que antes se improvise con Lekue fuera de sitio es un mensaje difícil de digerir para su crecimiento.

En la misma sombra caminan Jon de Luis y Eneko Ebro. El ex de Osasuna aporta zurda, temple y salida limpia en una zaga que acusa la falta de perfiles naturales, mientras que Ebro encarna el proyecto a medio plazo con balón y personalidad. Ambos esperan turno mientras el club mira atrás, sueña con regresos y frena, sin quererlo, a quienes llaman desde dentro.