La peligrosa metamorfosis de Valverde: ¿Por qué el Txingurri celebra ahora los fallos de Guruzeta?

Periodista Deportivo |

Gorka Guruzeta es uno de los apuntados por la falta de gol en el Athletic. Sin embargo, Valverde parece mirar el lado positivo a la sequía.

Una diana en 18 partidos de Liga. La cifra es demoledora para un futbolista que sobrevive gracias al gol. El drama envuelve a los leones y su falta de contundencia queda reflejada, principalmente, en Gorka Guruzeta. No obstante, para Valverde “es un orgullo”.

El atacante vive un momento gris, alejado de su mejor nivel, con un rosario de ocasiones falladas que empieza a crispar a la afición, más preocupada por la falta de gol que por el despliegue.

Tras la derrota ante el Espanyol, Ernesto Valverde sorprendió con un mensaje tan optimista como controvertido: “Cuanto más goles falle, mejor, porque significa que está ahí”.

¿Delantero fantasma o pólvora mojada?

El extraño argumento que esbozó el Txingurri plantea una dicotomía en San Mamés: ¿es preferible un centrodelantero invisible con pocas intervenciones o uno que falle lo imperdonable? En este caso, los dos caminos conducen al mismo destino en Bilbao: la falta de gol.

“He fallado cinco. Joder, he hecho un partidazo”, esa fue la otra estruendosa frase que utilizó el entrenador extremeño para defender el mal momento de su atacante. Parece una ironía, pero puede ser empleada como una manera de proteger a su futbolista y evitar un desmoronamiento mental.

El contraste en Europa

La traba a la hora de definir frente al arco rival es solo una cuestión doméstica. El donostiarra anotó tres de los cuatro tantos que el Athletic marcó en la Champions League: dos gritos ante el Qarabag (3-1) y el único tanto de los leones en la derrota 1-4 en Dortmund.

Sin embargo, en LaLiga la pólvora está mojada. El único gol del delantero de 29 años fue en el derbi vasco, en el que el rojiblanco cayó 2-3 en Anoeta. Aun así, Gorka sigue siendo la primera opción de Valverde, por encima de Robert Navarro.

2025: un cierre a pura frustración

El Athletic se estrelló contra el Espanyol más incómodo de los últimos tiempos, un rival con oficio y una fe inquebrantable en su plan, capaz de castigar cada concesión. Los de Valverde no supieron subir el listón ni afinar la puntería; se diluyeron tras el descanso y pagaron caro dos errores groseros que voltearon un partido que parecía encarrilado.

Ni la ventaja inicial ni el empuje final maquillaron una segunda parte espesa, plagada de centros estériles y córners mal ejecutados. La derrota deja una sensación inquietante: fragilidad en las áreas, frustración en la grada y un Athletic atascado, sin respuestas.