La afición exige recuperar la mística para ganar el derbi antes del pitido inicial
El ambiente de las grandes noches en Bilbao se enfrenta a un nuevo obstáculo burocrático que ha encendido a la parroquia zurigorri. Las autoridades han decidido prohibir los tradicionales recibimientos al autobús del Athletic Club en los aledaños de San Mamés alegando motivos de seguridad, una medida que impide escenas como la de la imagen, donde el humo de las bengalas y el calor de miles de gargantas escoltaban al equipo hasta el estadio. Esta decisión llega en un momento crítico, justo antes de la semifinal de Copa, un escenario donde la comunión entre equipo y afición siempre ha sido el jugador número doce.
La respuesta de los seguidores no se ha hecho esperar, lanzando un mensaje claro a la directiva: «Si el Club quiere empezar a ganar el partido antes de que se empiece a jugar, tiene que volver a dejar hacer un recibimiento como los de antes». Para la grada, estos rituales no son solo una cuestión estética, sino una herramienta psicológica que intimida al rival y carga de adrenalina a los leones desde el momento en que asoman por la calle Licenciado Poza. La prohibición rompe con una mística que ha convertido a San Mamés en un fortín inexpugnable en las eliminatorias del KO.
Un pulso entre la normativa y el sentimiento rojiblanco
Mientras las fuerzas de seguridad insisten en que el control de masas y el uso de pirotecnia suponen un riesgo inasumible, la afición defiende que estas concentraciones forman parte del ADN del club y de la cultura del fútbol vasco. La indignación crece al ver cómo este tipo de medidas «enfrían» los prolegómenos de los partidos más determinantes de la temporada. Con el derbi ante la Real Sociedad en el horizonte, la presión sobre el club para que interceda y recupere el «infierno» de San Mamés es total; el madridismo y el resto de aficiones ya saben que, en Bilbao, el partido se gana mucho antes de que ruede el balón.



