En el último día del mercado, el traspaso de la promesa argentina quedó trunco. No hubo acuerdo y seguirá de rojiblanco.
Al igual que el primer equipo, el Atlético Madrileño vivió un cierre de mercado ajetreado. Luego de movimientos estratégicos en el apartado de entradas y con dos salidas, en las últimas horas un nombre propio tomó notoriedad exclusiva en el Metropolitano: Gerónimo Spina.
El central argentino de 20 años fue pieza deseada por el Barça y el Betis, que arremetieron por su ficha durante todo el invierno. Ambos clubes llevaron ofertas formales al Atlético. Sin embargo, al no ponerse de acuerdo en las negociaciones, el futbolista no saldrá de Madrid.
Del foco al ostracismo: el caso Spina
El mercado llamó a su puerta con insistencia. El Barça, que ya lo tenía monitorizado desde el verano, llegó a mover ficha con una propuesta para su filial pensando en una futura integración en la órbita de Hansi Flick, mientras el verdiblanco irrumpió con decisión en busca de un central joven, fiable y con buen primer pase.
Las exigencias económicas del Atlético y la falta de margen para fichar un sustituto terminaron por enfriar cualquier salida.
Gerónimo Spina queda ahora a la deriva. De indiscutible a secundario, su situación es tan frágil como provisional, con el convencimiento interno de que el paréntesis durará poco. Con contrato en vigor y pretendientes de primer nivel, su nombre apunta a volver al primer plano cuando el mercado vuelva a abrir en julio.
Un central en construcción
Spina (categoría 2005) fue criado en la escuela del histórico entrenador Carlos Bilardo, Estudiantes de la Plata. Tras recalar en el Atlético B, fue creciendo a pasos agigantados. Central zurdo de 1,87, superó la veintena de partidos en Primera RFEF, con más de 1.100 minutos acumulados y un gol en su cuenta.
Con contrato en vigor hasta junio de 2027, el club ve en él un activo con margen de recorrido y valor de mercado. Por estilo, encaja en la estirpe de centrales físicos con lectura táctica, un perfil que recuerda a otros zagueros argentinos como Germán Pezzella o el primer Cristian Romero, más centrados en el rigor defensivo que en el lucimiento con balón.





