El argentino rompe su racha negativa en el Metropolitano y el Atlético de Madrid recupera la mejor versión de su estrella
El grito de gol de Julián Álvarez ante el FC Barcelona en la ida de las semifinales de la Copa del Rey fue mucho más que el cuarto tanto de la noche; fue un grito de liberación. La sensación en el Riyadh Air Metropolitano tras el tanto del argentino fue de un «por fin» colectivo, reflejando la desesperación que el delantero arrastraba tras varias semanas peleado con la portería contraria. La sequía empezaba a pesar en el ánimo del ex del City, pero la conexión con Ademola Lookman ha resultado ser el catalizador perfecto para recuperar su instinto letal.
La irrupción del nigeriano no solo ha aportado desborde, sino que ha quitado presión a Julián, permitiéndole encontrar espacios que antes parecían cerrados. La asistencia de Lookman para el gol de la «Araña» es la prueba de que ambos delanteros hablan el mismo idioma futbolístico. Este gol se entiende como un chute de confianza vital para que el argentino vuelva a exhibir el nivel estelar de la temporada pasada, un factor que podría dar el salto de calidad definitivo que el Atlético de Madrid necesita para pelear por todos los títulos.
El renacer de la «Araña»: un factor diferencial para el tramo decisivo
La afición colchonera espera que este tanto sea el punto de inflexión necesario para ver de nuevo al Julián Álvarez resolutivo y voraz. Con la confianza recuperada, el delantero no solo aporta movilidad y presión asfixiante, sino que vuelve a ser esa amenaza constante que condiciona a las defensas rivales. Si Julián mantiene este idilio con el gol recuperado gracias a la sociedad con Lookman, el esquema de Simeone alcanza una dimensión ofensiva que pocos equipos en Europa pueden igualar.
El camino hacia la final de Copa y el tramo final de la temporada ganan un nuevo color con el despertar de su gran referencia en ataque. La «Araña» vuelve a picar en el momento más importante del curso, y lo hace con el respaldo de un equipo que hoy, por fin, fluye en ataque con una armonía descomunal.





