El restaurante impulsado por futbolistas y rostros del cine no logró sostener su ambición pese a una fuerte facturación inicial
El negocio de la hostelería también pasa factura a los nombres más mediáticos. Antoine Griezmann y Marcos Llorente, futbolistas del Atlético de Madrid, han puesto fin a su aventura empresarial con el cierre definitivo de Rhudo, el restaurante que abrieron en Madrid con la aspiración de convertirse en un punto de encuentro de la alta sociedad. El proyecto baja la persiana tras acumular pérdidas relevantes y una deuda que ronda los cuatro millones de euros.
Rhudo nació con una propuesta ambiciosa. Alta cocina, diseño cuidado, música en directo y una clara orientación hacia un público de alto poder adquisitivo. Para reforzar el impacto mediático, los dos jugadores sumaron al accionariado a actores conocidos como Miguel Ángel Silvestre y Álex González, además de contar con el prestigio gastronómico de Paco Roncero como referente culinario. El lanzamiento fue sonado y la inauguración reunió a numerosas caras conocidas del deporte y la cultura en el barrio de Salamanca.
Ingresos elevados, costes desbordados y una reconversión que no funcionó
Pese al impacto inicial, el negocio nunca logró encontrar equilibrio económico. Según datos del Registro Mercantil consultados por medios especializados, Rhudo facturó cerca de seis millones de euros, una cifra notable para un local de su perfil. Sin embargo, los elevados costes estructurales y operativos acabaron devorando los ingresos. El último ejercicio reflejó pérdidas superiores a los 600.000 euros y un endeudamiento que se aproximaba peligrosamente a los cuatro millones.
Ante este escenario, los socios optaron por una primera reconversión. Se eliminó la propuesta gastronómica y el local pasó a funcionar exclusivamente como sala nocturna, con apertura hasta la madrugada y zonas vip pensadas para una clientela selecta. El movimiento tampoco dio resultado. La afluencia fue menor de la esperada y el nuevo modelo apenas se sostuvo durante unos meses.
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Esta transformación marcó también la salida de Paco Roncero, que decidió desvincularse del proyecto al perder su sentido como espacio gastronómico. Sin una identidad clara y con unos costes fijos difíciles de asumir, Rhudo entró en una dinámica insostenible que desembocó en el cierre definitivo.
Una lección empresarial más allá del foco mediático
El caso de Rhudo refleja una realidad habitual en el sector hostelero, incluso cuando detrás hay nombres famosos y una fuerte inversión inicial. La visibilidad mediática no garantiza viabilidad económica, y menos aún en un contexto de costes elevados y alta competencia en el ocio nocturno madrileño.
Para Griezmann y Llorente, el cierre supone el final de una etapa empresarial que nació con grandes expectativas y terminó convertida en un serio contratiempo financiero. Una jugada fallida fuera del campo que recuerda que, también en los negocios, el riesgo es parte del juego.





