Mateu Alemany no trabaja en el plazo de Simeone

Periodista Deportivo |

El club prioriza la construcción futura mientras asume riesgos inmediatos en una temporada aún cargada de exigencia competitiva

El primer mercado de invierno de Mateu Alemany al frente de la dirección deportiva del Atlético de Madrid deja una sensación ambivalente. No puede calificarse de fracaso absoluto, pero sí de oportunidad parcialmente desaprovechada en un contexto que exigía decisiones quirúrgicas. La herencia recibida no era sencilla. La plantilla presentaba desequilibrios evidentes y arrastraba decisiones estructurales de etapas anteriores. Sin embargo, el desarrollo del mercado ha evidenciado una desconexión entre las urgencias del presente y la planificación a medio plazo.

El propio Alemany reconoció que el mercado invernal sirve para ajustar, no para reconstruir. Es una afirmación coherente con la realidad del fútbol europeo, donde los clubes protegen a sus piezas clave y las operaciones de impacto se encarecen o directamente se bloquean. Aun así, el Atlético afrontaba este enero con necesidades claras y detectables, algunas de ellas no resueltas pese al margen económico generado.

Un centro del campo al límite tras una venta clave mal compensada

La salida de Conor Gallagher rumbo al Tottenham por 40 millones de euros fue una operación solvente desde el punto de vista financiero. El club liberó masa salarial y obtuvo un ingreso relevante por un futbolista con rol importante, pero no estructural. El problema no fue la venta, sino la falta de respuesta posterior. Durante dos semanas, el Atlético dispuso de margen temporal y económico para reforzar una zona crítica del equipo.

El resultado es preocupante. Diego Pablo Simeone afronta la segunda vuelta con solo tres centrocampistas naturales para dos posiciones: Koke, Pablo Barrios y Johnny Cardoso. Dos de ellos presentan condicionantes evidentes. Koke acaba de cumplir 34 años y Cardoso acumula un historial físico que genera inquietud en el cuerpo técnico. La falta de un cuarto mediocentro fiable limita la rotación y eleva el riesgo competitivo en un calendario exigente.

Alemany exploró hasta el último momento la vía de Éderson, pero la negativa de la Atalanta cerró la puerta. Tampoco prosperó la opción de João Gomes. El problema no fue insistir en perfiles de alto nivel, sino no activar alternativas contrastadas que permitieran cubrir una necesidad inmediata. La planificación del verano puede esperar, pero los partidos decisivos no.

Lookman responde al presente mientras Mendoza y Vargas miran al futuro

En este contexto, el fichaje de Ademola Lookman sí encaja con claridad en las necesidades del equipo. El Atlético llevaba tiempo demandando desborde, desequilibrio y determinación desde los costados. Lookman aporta regate, verticalidad y una amenaza real en el uno contra uno, un recurso que el equipo había perdido en los últimos cursos. Es un refuerzo pensado para rendir desde el primer día y para ampliar el repertorio ofensivo del bloque.

Distinto es el análisis de Rodrigo Mendoza y Obed Vargas. Ambos representan una apuesta por el talento joven y la revalorización futura. Son perfiles con potencial, pero todavía incógnitas para un equipo que compite al máximo nivel en UEFA Champions League y Copa del Rey. Su llegada responde más a una estrategia de club que a una necesidad inmediata del entrenador.

Aquí emerge la grieta de fondo. Alemany parece construir pensando en el proyecto que viene, mientras Simeone gestiona una temporada que aún ofrece objetivos reales. El mercado ha dejado claro que esa sintonía no es plena. La planificación profunda es patrimonio del verano. El invierno, en cambio, exigía resolver urgencias. El Atlético ha elegido mirar al futuro, asumiendo riesgos en el presente. Y esa decisión, en un club de máxima exigencia, siempre tiene consecuencias.