El técnico elogia el primer tiempo «para el recuerdo» de sus cuatro delanteros pero avisa: «La eliminatoria no está terminada»
Diego Pablo Simeone no pudo ocultar su entusiasmo tras el histórico 4-0 del Atlético de Madrid ante el FC Barcelona. Tras el pitido final en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, el técnico argentino destacó la comunión total entre equipo y afición, asegurando que el estadio vibró con una fuerza especial: «Nuestra gente necesita estos partidos; encontramos una energía increíble y supimos acompañar esa ola». Para el ‘Cholo’, la clave residió en la interpretación perfecta de los espacios por parte de su cuarteto ofensivo: Giuliano, Julián Álvarez, Griezmann y Lookman.
El preparador rojiblanco calificó la primera mitad como una actuación «para el recuerdo», comparándola con noches legendarias de Champions ante el propio conjunto azulgrana. Simeone subrayó el esfuerzo titánico de sus jugadores en la presión alta, asfixiando la salida de balón de Koundé y Cubarsí. «Tengo fe en lo que hacemos. No soy un brujo, pero sentía que el equipo podía hacer un partido así», confesó un Simeone que vio cómo la fluidez y la precisión, a veces ausentes, aparecieron de forma descomunal en el momento más oportuno.
Prudencia ante el Camp Nou: «Tenemos la humildad para seguir»
Pese a la abultada renta de cuatro goles, el discurso del ‘Cholo’ recuperó rápidamente la cautela que le caracteriza. Admitió que en la segunda parte el equipo perdió algo de intensidad al intentar controlar el juego en lugar de seguir atacando, y rechazó cualquier tipo de euforia prematura. «Sabemos al rival que enfrentamos, la eliminatoria no está terminada», sentenció, recordando que aún quedan noventa minutos de máxima exigencia en Barcelona el próximo 3 de marzo.
El Atlético de Madrid ha dado un golpe de autoridad que reafirma el nuevo sistema ofensivo de Simeone, pero el argentino prefiere mantener los pies en el suelo. Con el 4-0 en el bolsillo, la receta para la vuelta en el Spotify Camp Nou será la misma que ha cimentado su era en Madrid: trabajo, humildad y el ya eterno «partido a partido». La final está a un paso, pero para el técnico, el respeto al Barça sigue siendo innegociable.





