El asalto de Burgos a Mendizorroza sirvió para mostrar sus credenciales como firme candidato al ascenso. La ilusión colma a El Plantío.
El equipo de Ramis dio un golpe sobre la mesa en el derbi burgalés y refuerza sus aspiraciones de playoffs. Los blanquinegros sumaron su cuarta victoria en los últimos cinco partidos y en la próxima jornada puede alcanzar el liderato. Tras Deportivo, Racing y Las Palmas asoma un conjunto burgalés que, a base de solvencia, ya suma 25 puntos y reclama su sitio entre los candidatos.
Solo va un tercio de temporada, pero la tendencia es inequívoca: el Burgos acumula diez puntos más que a estas alturas del curso pasado, señal de un crecimiento sostenido en El Plantío. La memoria reciente invita a la prudencia, porque en 2022/23 el equipo arrancó fuerte y luego se diluyó, pero esta vez el poso parece otro.
El arquitecto de la ilusión
Luis Ramis insiste en que la fuerza está en el bloque. Repite que no ganan once, sino veintitrés, y su mensaje cala en un vestuario que juega con una mezcla de confianza y descaro en el área rival. Sensatez, trabajo y jerarquía colectiva como combustible para sostener la racha.
El tramo final de 2025 pondrá a prueba el techo real del Burgos. Llega un Racing herido, un viaje exigente a Ceuta y un diciembre cargado con Albacete, Almería y doble cruce con el Zaragoza.
Burgos sueña con un regreso a Primera, algo que no se da desde hace 45 años, en su época dorada entre 1971 y 1980, antes de descender.

Crónica de una noche para soñar
El Burgos firmó un triunfo de esos que pesan, manejando el derbi con temple y mordiendo justo cuando el Mirandés aflojaba. Mario González volvió a ponerse el traje de goleador implacable, abriendo la lata a balón parado y rematando la faena desde los once metros para asentar al equipo en la zona noble.
El derbi en Mendizorroza se disputó con ese aroma clásico de rivalidad cercana, donde cada balón dividido fue una declaración de intenciones. El Mirandés quiso mandar, apretó arriba y generó ocasiones, pero se estrelló una y otra vez ante un Burgos que supo resistir sin perder la compostura.
El tramo final fue un puñetazo en la mesa del Burgos: primero el córner, luego el penalti, y la sensación de que este equipo sabe competir como los que aspiran a Primera.




