El Cádiz CF ha descartado a Vladys y Mourad y centra su atención en David Ankeye, joven delantero nigeriano del Genoa valorado en 2,5 millones de euros, como su principal objetivo para reforzar el ataque
El mercado de fichajes siempre tiene un aire teatral, promesas que se insinúan, nombres que suben al escenario y, de repente, caen en la trampa del telón antes de pronunciar una sola línea. Así ocurrió con Vladys, del Alcorcón, y Mourad, del Elche. Dos delanteros que parecían estar a un paso de vestir de amarillo, pero que hoy se han convertido en figuras inalcanzables para la dirección deportiva del Cádiz CF. Una ironía muy propia del fútbol moderno, se sueña con lo cercano y, al final, lo cercano resulta más lejano que nunca.
La consecuencia de esta retirada es clara, el club ha virado hacia un perfil más sólido, alguien que no solo sume minutos, sino que multiplique esperanzas. La obsesión cadista no es un secreto, encontrar un delantero capaz de encender la chispa ofensiva en una plantilla que necesita, más que nunca, un nuevo aire en el ataque. Y en esa búsqueda aparece un nombre inesperado, como esas cartas que se esconden bajo la manga y que cambian la partida.
David Ankeye: la carta nigeriana sobre la mesa
En medio de descartes y desencantos, surge David Ankeye, delantero nigeriano de 23 años que ha irrumpido en la agenda amarilla con la fuerza de una ola en pleno temporal. Su currículum tiene un detalle que pesa más que cualquier rumor, pertenece al Genoa, club que no dudó en invertir 2,5 millones de euros en su fichaje en 2024. Que un equipo italiano se atreva a gastar tal suma por un atacante de su edad es una credencial que no pasa inadvertida. El Cádiz lo sabe, los números no garantizan goles, pero insinúan un futuro prometedor.
El interés por Ankeye no es solo cuestión de estadísticas o de moda. Su estilo de juego encaja en la necesidad cadista, rapidez, potencia y hambre de área. Un perfil que puede ofrecer dinamismo a un ataque demasiado previsible, y que, además, viene avalado por experiencia en competiciones europeas. El Cádiz, que tantas veces ha tenido que sobrevivir con la modestia como bandera, sueña ahora con un jugador que combine juventud y proyección, como quien encuentra agua fresca en mitad del desierto.
Perspectivas: entre la ilusión y la incertidumbre
La operación, claro está, aún navega en aguas movedizas. El club estudia cada detalle con la cautela de quien camina sobre cristales, el rendimiento reciente del jugador, su capacidad de adaptación al fútbol español, el coste real de la operación. Nada se improvisa en una entidad que conoce de sobra lo caro que puede salir un error de cálculo. El Cádiz, acostumbrado a pelear con presupuestos ajustados, sabe que cada euro invertido debe tener el eco de un gol celebrado en el Nuevo Mirandilla.
Sin embargo, todo apunta a que las conversaciones avanzarán en las próximas semanas. Y aquí emerge la paradoja, mientras parte de la afición suspira por nombres conocidos, el club apuesta por un futbolista que representa el riesgo y la promesa al mismo tiempo. Si la negociación prospera, Ankeye podría convertirse en el rostro de un Cádiz que, una vez más, se reinventa, no desde la abundancia, sino desde la necesidad, que tantas veces ha sido la mejor inventora de milagros en el fútbol.