La misma ambición conecta al actual entrenador y al que dejó huella durante una década en San Sebastián. La Real va por la Copa.
Anoeta vuelve a latir en clave copera. La Real Sociedad se asoma a otra semifinal del torneo del KO, nada menos que frente a su rival de siempre, con La Cartuja en el horizonte del mes de abril. El recuerdo de la última corona aún emociona a una afición que convirtió la Copa en territorio casi sagrado.
El legado competitivo de Imanol Alguacil no se evaporó con el cambio de timón. Tras un infeliz y breve paso de Sergio Francisco, Pellegrino Matarazzo asumió que este campeonato no es una distracción, sino una obligación sentimental y deportiva para el club.
El técnico italoamericano, en plena ebullición mediática, devolvió al equipo txuri-urdin esa hambre reconocible. En Zubieta perciben continuidad más que ruptura, una línea firme que conecta pasado y presente.
Del legado a la convicción
La comparación es inevitable: la gestión del once marca el termómetro del proyecto. Imanol elevó la Copa a rango prioritario y Matarazzo calca convicción competitiva. La apuesta por una alineación reconocible y sin concesiones logró estabilizar a un equipo que venía golpeado y con el descenso acechando.
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El ex Hoffenheim también recuperó el ánimo de la grada y logró un punto de conexión desde la ambición y el carácter. La Real es un equipo más vertical y punzante. Sin vivir de la nostalgia, el equipo honra su herencia mientras acelera con decisión hacia otra cita grande en Sevilla.
«En la Real, Imanol le dio bastante seriedad a todo esto, de hecho ni cambiaba el portero. Con Matarazzo también se le está dando continuidad y por ejemplo ahora te plantas en una semifinal con el partido de vuelta en casa y con todo a favor», afirmó el ex futbolista de la Real y Athletic, Borja Viguera.
“No vamos con el freno de mano”
En la previa del partido de ida, Matarazzo se sumó a la ilusión del pueblo realista, pero también manifestó prudencia: “jugamos en San Mamés, no en Sevilla”. En ese sentido, el míster adelantó que el equipo necesitará “intensidad y conexión” para aguantar la presión de La Catedral, que será un infierno.
La Real vuelve a pisar San Mamés tras encadenar cuatro tropiezos consecutivos allí, aunque esta vez aterriza con el viento a favor: nueve partidos sin perder y el billete europeo en el punto de mira. El impulso anímico roza la euforia, y ya se sabe que en un derbi ese exceso de confianza puede jugar malas pasadas.





