Los franjiverdes brillaron, mandaron y celebraron el primer gol de Álvaro Rodríguez, pero un penalti tardío devolvió a la Real Sociedad al partido
El Elche CF firmó una noche para sacar pecho… y apretar los dientes. El equipo de Éder Sarabia ofreció una de sus versiones más completas de la temporada: valiente, ordenado, con criterio con balón y ambición para asomarse al área rival.
El plan funcionó casi a la perfección y, durante casi todo el partido, pareció mejor que una Real Sociedad eufórica tras su victoria en el derbi ante el Athletic Club. Pero el fútbol, a veces cruel, decidió tirar de drama. En el minuto 87, una acción aislada terminó en un penalti que dejó el marcador en 1-1 y congeló la fiesta franjiverde.
El arranque ya dejó clara la propuesta: agresivos desde el balón, presión alta y ritmo. Sarabia movió piezas, refrescó el once y no se equivocó. Dituro volvió a la portería con seguridad; Chust ocupó el sitio del lesionado Bigas; Mendoza, otra vez con la sub-21 en el horizonte, respondió con descaro; y Álvaro Rodríguez fue la gran sorpresa arriba, en lugar de André Silva. El joven delantero no tardaría en justificar su presencia.
La primera parte fue una palada de buenas sensaciones. El Elche mandó, movió, aceleró y frenó cuando tocaba. Solo le faltó el gol. Mendoza tuvo la más clara estrellando un balón en el palo y Dituro, imperial, sacó dos manos de puro reflejo ante Take Kubo y Oyarzabal. El descanso llegó con 0-0 y la impresión de que algo grande se estaba cocinando.
El primer gol de Álvaro Rodríguez y un plan que desactivó a la Real Sociedad
La recompensa llegó en el minuto 57. Centro preciso de Álvaro Núñez, control dentro del área y un zurdazo de pura determinación: Álvaro Rodríguez rompió la red y celebró su primer gol de la temporada justo delante de la grada que lo venía empujando. El estadio explotó y el Elche encontró su premio.
A partir de ahí, el equipo mostró su versión más madura: líneas juntas, posesiones largas y cero pánico. Sarabia no tiró el bloque atrás; quería balón y cabeza fría. La Real Sociedad, obligada a empujar, se topó una y otra vez con una defensa firme y un Dituro que convirtió cada intervención en una dosis de tranquilidad. El partido parecía controlado… hasta que llegó el golpe.
En el 87’, Sadiq pisó área y provocó un penalti tras una entrada torpe de Affengruber. La jugada llegó sin aviso, sin dominio real de la Real, sin sensación de peligro. Pero fue penalti, y Oyarzabal no falló. 1-1 y silencio en el estadio.

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El pitido final dejó cara de rabia, sí, pero también aplausos, reconocimiento y una convicción colectiva: este Elche compite, propone y crece. Sarabia ha construido un equipo valiente, que no se achica ante nadie y que empieza a tener personalidad para mandar partidos grandes. El empate es cruel, pero la sensación es potente: cuando este equipo afine el gol, dará más de un golpe.




