Los periquitos se pusieron dos veces por delante y no pudieron consumar el triunfo ante un Elche que hilvanaba diez partidos sin ganar
El Martínez Valero fue escenario este domingo de uno de esos partidos que retratan perfectamente la crisis de dos equipos incapaces de ganar. Elche y Espanyol se repartieron los puntos en un empate que no satisface a nadie pero que, visto el desarrollo del choque, tiene un sabor completamente diferente para cada uno de los dos vestuarios.
El Espanyol se fue dos veces por delante en el marcador y no pudo consumar ninguna de las dos ventajas. El Elche estuvo dos veces por debajo y encontró la manera de remontar en ambas ocasiones. Un empate que para los ilicitanos sabe a punto salvado y para los periquitos sabe a dos puntos perdidos.
El guion de un partido sin ganador
Kike García abrió el marcador a los siete minutos para dar ventaja al Espanyol, que llegaba al Martínez Valero buscando puntos para meterse en la pelea por una plaza europea. El partido, sin embargo, no le siguió el guion. Marc Aguado igualó para el Elche justo antes del descanso cuando los ilicitanos, comprometidos con la permanencia, más lo necesitaban.
La segunda parte comenzó con el Espanyol retomando la iniciativa y el defensor Carlos Romero volvió a poner por delante a los periquitos. Parecía que, esta vez sí, el equipo de Manolo González se llevaba los tres puntos. Pero el fútbol tiene sus propias normas y en el tramo final del partido el colegiado señaló penalti para el Elche. Rafa Mir no perdonó y el empate definitivo llegó sobre el cierre.
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Dos rachas que alarman
Los números de ambos equipos son para preocuparse. El Espanyol encadena once partidos consecutivos sin ganar, una racha en la que ha acumulado ocho derrotas. El equipo que soñaba con Europa se ha convertido en un conjunto que mira por el retrovisor con más angustia de la esperada.
El Elche, por su parte, hilvana diez partidos sin triunfos, con seis derrotas en ese período. El empate agónico de Rafa Mir puede ser un balón de oxígeno emocional para un vestuario que necesita urgentemente creer en sus posibilidades de permanencia, pero la realidad de la clasificación sigue siendo preocupante.
Dos equipos atrapados en su propia crisis. Un punto cada uno. Y la sensación de que ninguno de los dos ha encontrado todavía la salida del laberinto.





