El equipo azulgrana estuvo a punto de entregar la cuchara en una primera parte soporífera que solo se rompió cuando Pedri salió al campo y le dio a Lamine la oportunidad de despertarse
El Barça jugó a perder en la primera parte de San Mamés. Es una manera como otra cualquiera de decir lo que ocurrió: un equipo que parecía haberse quedado en el césped del Metropolitano después de la derrota ante el Atlético, arrastrado por esa particular manera que tienen los equipos de perder habiendo creído que estaban ganando.
Tan cansino fue el juego azulgrana que Lamine Yamal estaba en el muro de las lamentaciones buscando un modo de salir del campo subrepticiamente. Pedri no entró en la primera parte. Ferran Torres se le vio una vez y luego se le vio irse del campo. La desgana azulgrana solo se rompía cuando el Athletic ponía en jaque al portero, que ese sí se ganó el dinero que cobra.
Las leyes divinas de Tegueste
Todo desastre tiene una segunda parte. Y esta siempre cae en los pies, es decir, en la inteligencia de los pies y de la cabeza, de Pedri, cuyo juego obedece a leyes divinas criadas en el ilustre pueblo de Tegueste. Nada más arreglarse la bota puso orden en el juego que el Barça no estaba haciendo, generó lo que se llama fútbol y le dio a Lamine la oportunidad de despertarse de su primera parte en el limbo.
Un aficionado barcelonista lo resumió cuando sonó el gol animado por Pedri: «Pedri lo cambia todo.» No se trata solo de fútbol, que es la materia prima. Se trata de la alegría de poner el juego a favor de la inteligencia de jugar. Eso es Pedri. La inteligencia de jugar.
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La primera parte se la tiene que guardar el Barça dentro de una cámara de alcanfor para ser utilizada cuando en los entrenamientos sean muy necesarios los bostezos. La segunda, con Pedri como protagonista silencioso, es la que explica por qué este equipo sigue líder.





