El equipo azulón volvió a imponer su estilo y anuló por completo a un Athletic sin ideas ni profundidad ofensiva
El Getafe CF ofreció en San Mamés la máxima expresión del estilo que define a Pepe Bordalás: intensidad, control del ritmo y una precisión quirúrgica para golpear en el momento justo. Frente a un Athletic Club plano y sin recursos en ataque, los azulones dominaron desde la disciplina táctica y lograron un triunfo que refleja el sello más puro del bordalismo.
Un partido en el que “no pasa nada”… hasta que llega el gol
El encuentro siguió el guion clásico del Getafe. Durante gran parte del choque no ocurrió nada destacable, con el equipo visitante cerrando líneas y evitando cualquier espacio entre líneas. Y, de repente, llegó el golpe definitivo: el gol del Geta, fiel a su costumbre de castigar al rival cuando menos lo espera.
Datos que retratan la superioridad táctica
El Athletic apenas completó 10 toques en el área rival y 100 en zona de tres cuartos, mientras que el Getafe firmó 20 toques en el área y 139 en campo contrario.
Incluso en un aspecto poco habitual para los de Bordalás, como los pases al espacio, estuvieron brillantes: 5 completados, frente a solo 1 del Athletic. Cabe destacar que el Getafe solo había logrado 1 pase al espacio en los nueve partidos anteriores, y en toda la temporada pasada solo una vez superó los tres.

Eficacia azulona y crisis ofensiva rojiblanca
Aunque el Getafe no es tan vertical como en temporadas anteriores 76 pases por cada tiro a puerta frente a los 60 habituales, ha compensado esa pérdida de agresividad con una eficacia del +10%, la segunda mejor del campeonato.
El contraste con el Athletic es evidente: los de Ernesto Valverde son el cuarto peor equipo en eficacia, con 93 pases para generar un disparo a puerta y 415 para marcar un gol. En su mejor campaña reciente (2023–24), esas cifras eran de 78 y 219 respectivamente.
En definitiva, el Getafe volvió a ser el Getafe de siempre, sólido, disciplinado y letal. El Athletic, en cambio, sigue sin encontrarse, incapaz de combinar juego y resultado. Ni siquiera la distracción de la Champions League parece justificar su preocupante pérdida de identidad.




