En el Coliseum tienen prácticamente atado el fichaje del Chimy Ávila. Sin embargo, la situación contractual de un ex futbolista mantiene en vilo al Getafe.
El Getafe se asoma al mercado invernal con el freno de mano echado y más dudas que certezas. La venta de Christantus Uche al Crystal Palace, vital para cuadrar balances en verano, ha terminado volviéndose en contra por su impacto en el control económico.
Ángel Torres no esquivó el asunto en la antesala del derbi ante el Rayo y señaló directamente a LaLiga como juez de la situación. En el Coliseum saben que todo pasa por ese veredicto. “De momento, el futbolista es de ellos, está jugando y no tenemos que dar más explicaciones”, afirmó el presidente del club azulón.
En ese contexto, en el sur de Madrid están preocupados por lo que pueda ocurrir con dos fichajes que tienen al alcance de la mano: Chimy Ávila y Dani Rodríguez. Bordalás ya cuenta con ellos para su planificación.
El núcleo del problema
El nudo está en la letra pequeña del traspaso de Uche al Crystal Palace. El Getafe planificó el verano apoyándose en un ingreso de 20 millones que permitió inscribir hasta seis futbolistas. El problema es que una auditoría destapó que ese dinero solo se activa si el jugador alcanza diez titularidades, algo que hoy no ocurre, con presencia casi testimonial en la Premier.
LaLiga, aplicando un criterio conservador, decidió no dar por bueno ese ingreso como seguro. Resultado: límite salarial rebasado y mercado de invierno bloqueado. En los despachos azulones hablan de castigo excesivo. El club queda, de momento, congelado y sin capacidad de reacción.
Ángel Torres optó por la vía judicial-deportiva para ganar tiempo y oxígeno. Tras el rechazo del Comité de Control Económico, el club elevó el caso al Comité Social de Recursos, cuyo fallo se espera de forma inminente. Si vuelve a ser negativo, la última bala será la RFEF, con el riesgo de quedarse en enero con las manos vacías.

Bordalás reza por sus dos refuerzos de experiencia
Mientras se resuelven los temas burocráticos en los despachos, Dani Rodríguez y el Chimy Ávila, dos perfiles curtidos, ya tienen el sí dado, a la espera del visto bueno de LaLiga.
Dani Rodríguez llegará con la carta de libertad y un contrato corto, pensado para sumar oficio inmediato. No aterriza para desbordar, sino para ordenar: a sus 37 años, su fichaje es una apuesta por cabeza y vestuario.
El Chimy, por su parte, encaja en el molde azulón sin necesidad de presentación. Intensidad, colmillo y presión, cedido desde el Betis con opción de compra. Si el argentino logra reencontrarse con su versión más feroz, el Getafe gana un poder ofensivo feroz.





