El Girona respira, vence al Alavés y encuentra un salvavidas llamado Tsygankov en una mañana de necesidad absoluta en Montilivi

Con un gol de cabeza, Viktor Tsygankov devolvió vida, orgullo y oxígeno a un Girona que dormirá fuera del descenso

El fútbol tiene estas cosas: cuando todo parece oscuro, aparece una jugada simple y lo cambia todo. El Girona llegaba como colista, con dudas, nervios y un estadio esperando una señal. Y esa señal se llamó Viktor Tsygankov, que marcó el único gol de un partido ajustado, tenso y necesario.

El plan era sencillo: ganar como fuera. El rival, el Deportivo Alavés, llegaba con problemas lejos de casa y terminó sufriendo una noche gris, sin puntería y sin capacidad para cambiar un guion que el Girona manejó con inteligencia. Un cabezazo, tres puntos y un respiro.

El gol de Tsygankov que cambia la tabla, el ambiente y la confianza de un Girona que necesitaba una victoria urgente

La jugada del 1-0 nació en la banda, con un centro precioso de Bryan Gil, que firmó uno de sus partidos más completos desde que viste la camiseta rojiblanca. En el minuto 16, Tsygankov atacó el primer palo, cabeceó con decisión y Montilivi estalló como si fuera una final europea. No era solo un gol: era una válvula de escape para un equipo que no encontraba luz.

A partir de ahí, el Girona hizo lo que hace un equipo que está herido: controlar, defenderse con balón, gestionar el tiempo y no conceder regalos. Míchel Sánchez, responsable de que este club haya vuelto a la élite, apostó por posesión y paciencia. Nada de riesgos innecesarios. Nada de revoluciones. Partido adulto, sobrio, inteligente.

Mientras tanto, el Alavés sufría para avanzar pocos metros con la pelota. El equipo de Luis García Plaza siguió el guion de otras jornadas fuera de casa: dificultades para generar, poco desequilibrio y demasiadas pérdidas en campo rival. Con esa fórmula, remontar era casi ciencia ficción.

La posesión, el control emocional y un Montilivi convencido: así construyó el Girona un triunfo que vale más que tres puntos

En la segunda parte llegaron los cambios, el desgaste y las dudas típicas de un resultado corto. Stuani, Abel Ruiz, Joel Roca, Hugo Rincón y Jhon Solís entraron para cerrar una noche que parecía larga. Pero el Girona mantuvo algo que le había faltado en otros partidos: calma.

El Alavés empujó con Toni Martínez, Denis Suárez o Carlos Vicente, pero nunca encontró un tiro claro que pusiera en riesgo a Paulo Gazzaniga. La defensa, con Blind, Arnau, Vítor Reis y Àlex Moreno, sostuvo todo con oficio. El 1-0 se convirtió, minuto a minuto, en una muralla.

Y cuando sonó el pitido final llegaron los abrazos, el desahogo y la foto más importante: la clasificación. El Girona sale momentáneamente del descenso. Hay aire. Hay vida. Hay tiempo para reconstruir sensaciones y para creer de nuevo. No fue un partido brillante, pero fue un triunfo necesario para un grupo que venía golpeado.

En Montilivi no hubo fuegos artificiales. Hubo alivio. Y a veces, en la Liga, eso vale oro.

Mairenis Gómez, licenciada en Arte y certificada por Google for Education, acumula más de 10 años de experiencia en información futbolística y de última hora dentro del entorno digital. Desde hace dos años forma parte de GOL Digital, donde se especializa en datos aplicados a la información del fútbol español.