Pacheta revoluciona el once del Granada CF para evitar el despido

Periodista Deportiva |

Pacheta enfrenta su última oportunidad al frente del Granada CF, preparando cambios estratégicos en el once ante un Burgos sólido y peligroso

El Granada CF camina sobre una cuerda floja que parece tensarse un poco más en cada jornada. Pacheta, el técnico llamado a devolver la fe a la hinchada, se encuentra en el incómodo papel de protagonista de un drama deportivo. Si gana, será un visionario; si pierde, un recuerdo apresurado en la historia del club. Nada más irónico que esa rutina tan española del “héroe hoy, villano mañana”, donde un resultado dicta sentencias más rápido que un juez con prisa.

El partido contra el Burgos se dibuja como un examen de esos que uno no puede aplazar, con la amenaza del despido planeando como nube de tormenta. El rival, lejos de presumir de florituras, destaca por su simpleza letal, un fútbol sin maquillaje que golpea como un martillo. Y el Granada, atrapado en un bloqueo mental que se hizo evidente en la derrota ante el Real Jaén un recién ascendido que se permitió el lujo de arrebatarles el triunfo en el último suspiro, carga con la urgencia de redimirse.

Convocatoria y dilemas bajo palos

En este contexto, Pacheta anuncia una convocatoria amplia, casi como quien muestra todas sus cartas para confundir al adversario. “Viajamos 21, todos salvo Bouldini”, declaró, con la intención clara de agitar el tablero y reinventar su once. La amplitud parece un gesto de confianza, pero también de necesidad, cuando el agua llega al cuello, cualquier variante se convierte en salvavidas.

El verdadero campo minado, sin embargo, se encuentra en la portería. Ni Luca ni Astralaga han logrado transmitir la serenidad que exige la élite. La paradoja es deliciosa, los guardianes de la meta generan más inseguridad que alivio. Para colmo, Luca Zidane acaba de obtener la nacionalidad argelina, con el posible efecto de una convocatoria internacional, mientras Astralaga se mantiene en el radar de la Sub-21. Pacheta lo afronta con frialdad de cirujano. “No voy a impedir que un jugador quiera jugar un Mundial”, aseguró, como si la normalidad se impusiera sobre la grieta que amenaza con ampliarse.

El desafío burgalés y un regreso íntimo

La defensa del Granada, con 12 goles encajados en apenas cinco encuentros, es un dique de madera frente a un oleaje imparable. Ni el parche de la línea de cinco ha logrado contener las filtraciones. Pese a todo, el técnico se aferra al optimismo, convencido de que las lecciones de la caída en Jaén servirán como manual de supervivencia. “Va a haber cambios en Burgos”, adelantó, con esa mezcla de esperanza y urgencia que define a los entrenadores en la cuerda floja.

Pero más allá de la pizarra, este partido tiene un matiz sentimental imposible de ignorar, Pacheta regresa a su tierra. Su memoria se entrelaza con la historia del Burgos, el club que vio a su hermano vestir la camiseta blanquinegra y que él mismo aprendió a querer desde niño. La paradoja es hermosa, luchar por salvar el puesto en el estadio de su infancia, donde el cariño y la exigencia se cruzan como dos trenes que no saben si chocarán o se saludarán al pasar.