Por qué el Huesca no destituye a Bolo pese a la caída en picado: cinco razones que explican la confianza del club

Periodista Deportivo |

Solo 15 puntos de los últimos 45 posibles y en descenso, pero el consejo de administración no se plantea el relevo por razones deportivas y estructurales que pesan más que la clasificación

La continuidad de Jon Pérez Bolo en el banquillo de la SD Huesca no se explica por los resultados. El equipo solo ha sumado 15 puntos de los últimos 45 posibles y la caída a puestos de descenso ha generado preocupación real en el entorno del club. Sin embargo, el consejo de administración formado por Agustín Lasaosa, Ricardo Mur y Alfonso García no se plantea un relevo. No ha habido ultimátum, no hay señales de cambio inminente y la sensación en el club es que destituir al técnico en este momento supondría asumir un riesgo elevado en el tramo más decisivo del campeonato. Estas son las razones.

Una apuesta de proyecto, no de emergencia

El primer argumento apunta al origen de su contratación. Bolo no fue fichado como solución temporal, sino como técnico para liderar una etapa hasta junio de 2027. El club le dio continuidad desde su llegada, amplió su marco de trabajo y le permitió participar en la planificación deportiva. Destituirlo ahora implicaría alterar la hoja de ruta diseñada durante toda la temporada. Cambiar de técnico con 14 jornadas por disputar obligaría además a modificar automatismos, roles y jerarquías en el peor momento posible.

El vestuario sigue con él

Las comparaciones con la etapa anterior, la de Sergi Guilló, han aparecido en el entorno del club, pero el contexto es distinto. El anterior técnico había perdido el vestuario antes de su destitución. Con Bolo, la unión del grupo es patente y el día a día transmite normalidad. Ese factor pesa mucho en la decisión del consejo. También influye la planificación inicial del curso: la plantilla confeccionada en verano por Ángel Martín González condicionó el desarrollo de la temporada, motivo por el que el club optó por corregir en el mercado invernal en lugar de cambiar al entrenador.

El peso de la remodelación invernal

El mercado de invierno es otro factor clave. El Huesca acometió una profunda remodelación con ocho salidas y siete fichajes, y Bolo participó activamente en la confección del nuevo grupo. La dirección deportiva quiere comprobar primero si esa reconstrucción funciona antes de sacar conclusiones. Por ahora el impacto es limitado: en el último partido solo Laquintana fue titular entre los refuerzos y varios apenas han tenido minutos. El caso más llamativo es el de Michael, que solo ha disputado ocho minutos desde su llegada. Cambiar de técnico ahora impediría valorar si la apuesta invernal tiene sentido.

La imagen de bloque y la falta de alternativa

El mensaje que proyecta el club es de unidad en un momento exigente. Club, jugadores y entrenador han reforzado la imagen de bloque en sus apariciones públicas y en redes sociales, insistiendo en un objetivo común. A eso se suma la ausencia de una alternativa evidente en el mercado. No existe un perfil que garantice una mejora inmediata y un relevo implicaría empezar de cero en pleno sprint final, algo que el consejo considera un riesgo mayor que mantener la continuidad.

El mensaje institucional: estabilidad por encima de todo

La postura pública del club ha sido la de evitar ruido externo. No se han producido movimientos ni señales que apunten a un cambio inminente. El objetivo es centrar la atención en la competición y no abrir un nuevo foco de inestabilidad en un vestuario que ya tiene suficientes frentes abiertos en la clasificación. El Huesca entiende que la plantilla es suficiente para pelear la salvación. Y por eso, a día de hoy, la hoja de ruta pasa por continuar con Jon Pérez Bolo en el banquillo y afrontar con él la lucha por la permanencia, aunque los resultados no acompañen.