El técnico vizcaíno asume el banquillo azulgrana con casi 200 partidos de experiencia en Segunda División y un reto inmediato
El relevo en el banquillo de la SD Huesca no ha tardado en ejecutarse. Apenas unas horas después del cese de Sergi Guilló, el club ha activado su plan de urgencia para estabilizar un proyecto que necesita resultados cuanto antes. El elegido es un nombre conocido en la categoría y muy distinto al perfil del técnico saliente: Jon Pérez Bolo, entrenador vizcaíno de 51 años, curtido en la Segunda División y con una mochila de casi 200 partidos al frente de equipos como la Ponferradina, el Real Oviedo o el Burgos.
El objetivo es inmediato y evidente: reaccionar ya. Bolo viajará este mismo martes a Huesca para firmar su contrato y estrenarse el domingo en un escenario que no permite titubeos: el derbi aragonés ante el Real Zaragoza, en el Ibercaja Estadio. Una puesta en marcha exprés para intentar reactivar una plantilla golpeada por resultados y dudas.
El vestuario retoma entrenamientos y espera al nuevo técnico para preparar un derbi que puede cambiar el ánimo
La plantilla azulgrana ha disfrutado descanso domingo y lunes, mientras el club aceleraba la operación. El martes a las 11.00 está prevista la vuelta al trabajo en la Base Aragonesa de Fútbol, con el analista Adrián Sipán dirigiendo la sesión provisionalmente. La entidad ha optado por cerrar el entrenamiento para evitar filtraciones antes de la presentación del nuevo técnico.
Si no hay contratiempos, la primera sesión de Jon Pérez Bolo como entrenador del Huesca será el miércoles. Solo dispondrá de cuatro días reales para ajustar ideas, reordenar conceptos y comenzar a construir confianza en un equipo que necesita recuperar fútbol y autoestima.

Bolo llega para activar un proyecto que exige reacción, orden táctico y una identidad reconocible
La elección del entrenador no es casual. Si Guilló representaba un perfil joven y con proyección, Bolo ofrece experiencia, conocimiento de la categoría y un sello muy definido: orden táctico, estructura defensiva y competitividad en escenarios difíciles. Es, en cierto modo, el antídoto buscado para un inicio irregular que ha dejado al equipo en la zona baja y con urgencias reales.
Nacido en Bilbao, exdelantero y con recorrido en banquillos que conocen bien la exigencia, Bolo aterriza en un momento límite, aunque con margen suficiente para cambiar la dinámica. El derbi ante el Zaragoza puede ser un punto de inflexión. O un detonante. Su reto empieza sin red.
La SD Huesca vuelve a confiar en un técnico de peso, con cicatrices y con el tipo de liderazgo que suele pedir la Segunda. Ahora, el balón pasa al vestuario. El tiempo corre y la reacción tiene que llegar ya.




