La RFEF desmantela gestores del arbitraje y del VAR

Periodista Deportiva |

En el fútbol español ha estallado una tormenta silenciosa pero devastadora: la RFEF ha ejecutado una purga total en la cúpula arbitral, destituyendo al presidente del CTA y al jefe del VAR

El arbitraje español acaba de vivir su noche de los cuchillos largos. En un solo movimiento, la RFEF ha desmantelado el entramado completo del Comité Técnico de Árbitros, Luis Medina Cantalejo, su presidente, ha sido destituido junto a toda su cúpula como quien barre piezas de ajedrez tras una partida perdida por incomparecencia. Carlos Clos Gómez, gurú del VAR ese ojo mecánico que prometía justicia y trajo confusión también ha sido apartado, junto a Rubinos Pérez, Lizondo Cortés, González Vázquez y Lesma López. Una escabechina con nombre de renovación.

El comunicado oficial habla de “impulso y actualización”, eufemismos que huelen a incendio controlado. Pero entre líneas, lo que se percibe es una ruptura total con una estructura que, como un puente mal construido, crujía cada vez que la pelota cruzaba la línea de gol. La nueva dirección arbitral será anunciada el 2 de julio. Hasta entonces, el CTA se parece más a una casa vacía con las luces encendidas que a un organismo rector del fútbol profesional.

RFEF
La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha destituido este jueves a Luis Medina Cantalejo

Cuando el cambio llega con los ecos del pasado

Resulta irónico casi poético que la purga llegue apenas días después del ascenso del Real Oviedo. Mientras unos celebraban volver a Primera tras 23 años, otros firmaban sus últimas actas desde el sótano burocrático. Como si el ascenso de un club histórico viniera acompañado del descenso fulminante de quienes debían vigilar que el juego fuera limpio. Los expulsados cumplieron su última función cerrando los ascensos arbitrales. El telón bajó, y con él, toda una etapa de la justicia deportiva.

La RFEF promete ahora modernidad y eficiencia, palabras que, si fueran goles, España ya sería campeona del universo. Pero esta reestructuración no solo busca una reforma técnica, pretende reconstruir la fe. Porque cuando la credibilidad se evapora, ni el reglamento más perfecto salva al espectáculo. El nuevo ciclo no solo será tecnológico, será simbólico. Y como todo símbolo, cargado de sospechas, esperanzas y contradicciones.

VAR, sospechas y la sombra del Bernabéu

El verdadero terremoto no empezó esta semana, sino en febrero, cuando el Real Madrid ese club que no necesita gritar para que el mundo escuche envió una carta exigiendo una reforma total del arbitraje. Solicitaban limpieza, depuración, casi una inquisición laica con silbato. Medina Cantalejo y Clos Gómez quedaron marcados desde entonces. Más que un ajuste técnico, su salida parece una concesión política al club más influyente del país.

Pero no fueron los únicos en levantar la voz. Otros equipos, hartos de decisiones incomprensibles, se sumaron al murmullo generalizado. El arbitraje ya no solo cometía errores, los cometía con rostro, nombre y archivo de video. El VAR, diseñado para ser el guardián invisible del juego, terminó siendo el espejo que devolvía la desconfianza colectiva. Con agosto a la vuelta de la esquina, el fútbol español encara su desafío más íntimo, recuperar el respeto desde el silencio. Porque, al final, el mejor árbitro es aquel al que nadie recuerda.