El luso llegó con una revolución en la sala de máquinas en el Ciutat de València. Ganadores y perdedores con el nuevo técnico.
El Levante ha sacudido el mercado con decisión y una apuesta clara por el centro del campo. Las llegadas de Paco Cortés, Raghouber y Tay Abed multiplican la competencia y estrechan el espacio para Unai Vencedor y Oriol Rey, dos piezas que pasaron de plan estratégico a secundarias.
El contexto apremia en el Ciutat de València. Pepe Danvila y la dirección deportiva caminan sobre el alambre del límite salarial, obligados a aligerar peso para poder inscribir y maniobrar en este tramo final. Sin salidas, no hay margen.
En la rampa de salida no solo aparece Vencedor. El delantero Godouine Koyalipou, sin sitio desde la llegada de Castro, también apunta a adiós anticipado. Incluso Morales, bandera del levantinismo, ha perdido galones en los últimos partidos.
Un préstamo que se enfría
Unai Vencedor llegó al Levante en busca de continuidad y jerarquía, pero su papel ha ido diluyéndose con el paso de las jornadas. El centrocampista participó en 13 partidos oficiales, sumando 768 minutos, sin goles ni asistencias, con pérdida de peso tras la llegada de nuevos efectivos en la medular.
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En el Athletic, su recorrido sí deja cifras más sólidas. Vencedor acumula 82 partidos con el primer equipo rojiblanco, con presencia sostenida en Primera División y experiencia en contextos de exigencia. Está cedido en Orriols hasta el 30 de junio de 2026; su contrato con el club bilbaíno se extiende hasta 2027.
La situación del futbolista de 25 años no cae nada bien en San Mamés y la dirección deportiva ya le busca un nuevo destino para que sume minutos.
A por la épica: a todo o nada
Mientras haya posibilidades, el granota respira. El equipo de Castro está a cinco puntos de alcanzar al Getafe y salir de la zona roja, con el aliciente de que todavía tiene un partido pendiente. En el Ciutat de València nadie tira la toalla.
El triunfo ante el Elche, el primero en casa y obtenido de una manera cuasi heroica, despertó la efusividad en las gradas, que sueñan con el milagro. El próximo escollo del Levante será nada menos que el Atlético de Madrid, otra vez en casa y ante su gente.





