Funes se une a las quejas de Zaragoza, Cultural y Albacete tras los dos penaltis no señalados que privaron a los andaluces de la zona noble
El caos arbitral en LaLiga Hypermotion ha alcanzado un punto de no retorno tras el último duelo en el Reale Arena. El Málaga CF ha sido el último club en sumarse a la ola de indignación que ya protagonizaron la pasada semana el Real Zaragoza, la Cultural Leonesa y el Albacete. Los malacitanos, dirigidos por Funes, vieron cómo se les escapaba la oportunidad de asaltar la cuarta plaza clasificatoria ante el Sanse en un encuentro marcado por la polémica. Dos penaltis clamorosos no señalados y un segundo gol donostiarra precedido de un bloqueo en fuera de juego a Alfonso desataron la ira contenida del técnico malaguista.
Aunque el club no ha emitido un comunicado oficial, las palabras de su entrenador en sala de prensa reflejan el sentir de una categoría que se siente maltratada por las decisiones del VAR y de los colegiados de campo en este tramo decisivo de la temporada.
La ironía de Funes ante un sistema arbitral bajo sospecha y el desplome del ritmo de juego en la categoría de plata
El técnico malaguista tiró de sarcasmo para denunciar la situación, afirmando que si analizara cada error, el equipo no llegaría a la Costa del Sol hasta el viernes. Más allá de las penas máximas, Funes mostró su perplejidad por el criterio técnico en las faltas en ataque señaladas a Larrubia y Ochoa, que terminaron por desquiciar a un equipo que dominó la posesión pero careció de la pegada necesaria. El preparador reconoció que, aunque es frustrante que las acciones clave no cayeran de su lado, el equipo debe disparar más veces a puerta para no depender de la voluntad del trencilla. Esta falta de ritmo en el juego, propiciada en parte por las constantes interrupciones y el polémico arbitraje, está perjudicando gravemente el espectáculo en una Segunda División donde la igualdad es máxima y cada detalle administrativo o arbitral puede decidir un ascenso.
La situación actual en LaLiga Hypermotion plantea una pregunta estratégica fundamental: ¿es el arbitraje actual un lastre para la profesionalización del fútbol de plata? La acumulación de protestas formales en menos de siete días por parte de entidades históricas sugiere que el problema no es puntual, sino estructural. El Málaga CF ha optado por una vía de queja pública menos agresiva que la del Real Zaragoza, pero el fondo del mensaje es idéntico: existe una sensación de desamparo normativo que altera la competición.
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Para un club que pelea por el play-off, perder puntos por errores de apreciación en el VAR no es solo una anécdota deportiva, sino un golpe financiero y anímico que puede condicionar toda la planificación de la temporada venidera. La presión social en ciudades como Málaga o Albacete está obligando a las directivas a elevar el tono ante los organismos federativos para proteger sus intereses.
La gestión de las cargas físicas, como el descanso otorgado a Izan por sobrecarga, también se ve condicionada por partidos donde el estrés emocional por las injusticias arbitrales agota a la plantilla más que el propio esfuerzo físico. Funes intentó rebajar la tensión al final de su comparecencia para no centrar el foco exclusivamente en el árbitro, pero el daño ya estaba hecho en la tabla clasificatoria.
Si la tendencia de comunicados y quejas airadas continúa, LaLiga se enfrenta a una crisis de legitimidad en sus resultados que podría empañar el tramo final del campeonato. Los clubes exigen una unificación de criterios urgente para que el protagonismo vuelva a los futbolistas y no a las salas de videoarbitraje, donde cada jornada parece escribirse un guion diferente que perjudica a los mismos protagonistas de siempre en el fútbol español.





