La paz del cementerio no es progreso: Arbeloa tiene al vestuario contento pero el Madrid sigue siendo el mismo equipo roto

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El técnico blanco tiene el vestuario de su lado pero arrastra los vicios estructurales que lastraron a Carlo y a Xabi: una defensa sin garantías

Álvaro Arbeloa lleva diez partidos al frente del Real Madrid y el balance no invita al optimismo. Tres derrotas. La misma fragilidad defensiva de siempre. Y un calendario que todavía no le ha exigido enfrentarse al Atlético, al Liverpool, al City o al Barça. Para contexto: Xabi Alonso acumuló cuatro derrotas en 27 partidos enfrentándose a todos ellos.

Los números no mienten. Y la comparación tampoco favorece al nuevo técnico.

La paz del cementerio no es progreso

Hay algo que sí ha cambiado con Arbeloa. El ambiente en el club parece mejor. Los jugadores se muestran con más ganas en algunos partidos. Los pesos pesados están de su lado. Pero hay una razón concreta para eso: Arbeloa no los cambia hasta que revienten. No toma decisiones que molesten. No genera conflictos.

Eso no es liderazgo. Es gestión del silencio. La paz del cementerio, que no es lo mismo que la paz de un vestuario que funciona. Cuando los jugadores pasan de todo, como ocurrió en el partido ante el Osasuna, el resultado es exactamente el mismo que con Xabi: derrota y sensación de equipo sin carácter.

El problema de siempre: la defensa

Arbeloa arrastra el mismo problema que Carlo Ancelotti y que Xabi Alonso. Cuando el Real Madrid ha tenido una defensa de garantías, ha funcionado. Cuando no, ha sufrido. La ausencia de Rüdiger y la adaptación de Trent Alexander-Arnold en una posición diferente a la suya han dejado una zaga frágil que se nota en cada partido complicado.

La unidad B del equipo está en un estado preocupante. Eso genera tropiezos que con una plantilla más sólida no existirían. Y esos tropiezos se acumulan en el marcador y en la tabla.

La desilusión del proyecto Xabi Alonso

El diagnóstico más duro no es sobre Arbeloa. Es sobre lo que pudo ser y no fue. El proyecto de Xabi Alonso representaba una oportunidad real de construir algo a largo plazo en el Real Madrid. Un técnico con ideas propias, con autoridad sobre el vestuario y con un modelo de juego definido. Esa oportunidad se perdió. Los vicios de siempre, tanto de jugadores como de directiva, dinamitaron algo que apenas había empezado.

Lo que hay ahora es lo que queda después de eso. Un técnico que mantiene la paz interna pero que no ha demostrado todavía que puede ganar cuando el partido lo exige de verdad. Y un calendario que pronto le pondrá delante a los rivales que de verdad miden el nivel de un equipo.

Entonces sabremos si Arbeloa es solución o simplemente el técnico que ocupó el espacio que dejó libre el proyecto que no fue.