Corberán ha perdido el rumbo: es el fin

Periodista Deportivo |

A un año de su llegada a Mestalla, Corberán pasó de concebir un milagro a bordear el abismo. El de Cheste es el rostro visible de la incertidumbre.

El 2026 comenzó en Mestalla como continúan las pesadillas largas: sin alivio ni sobresalto. El calendario cambia, pero el Valencia no. El equipo vuelve a moverse en el filo, pendiente de una clasificación que aprieta y ya castiga con la zona roja.

La grada dejó de mirar proyectos y discursos. Ahora se consulta la tabla cada jornada, se hacen cuentas y se teme el lunes. Vivir hacia abajo es una derrota silenciosa para un club que fue grande. El protagonista de esta película de terror tiene un rostro reconocido: Carlos Corberán.

El entrenador encarna hoy esa incertidumbre. Llegó con método y convicción, pero no ha logrado alterar ni el rumbo ni el ánimo colectivo. El Valencia no compite con rabia, lo hace con temblor, y eso se paga.

De la salvación al precipicio

El técnico de Cheste se estrenó en el banquillo valencianista el 3 de enero de 2025 ante el Real Madrid en Mestalla. Un año después, dirigió su partido número 45 entre Liga y Copa del Rey al frente del equipo, con una dura derrota en Vigo.
Este balance del técnico explica el contraste.

En un escenario pesimista y con poco margen de maniobra, Corberán logró rescatar a un equipo que estaba penúltimo, con 12 puntos en 17 jornadas. La cara cambió: sumó 34 unidades en 21 partidos con Mestalla como fortaleza ganando siete de los diez encuentros como local.

Hoy el escenario es otro. Sin victorias fuera y con un Mestalla menos fiable, los números vuelven a encender las alarmas. El Valencia camina otra vez sobre el alambre, sin red y sin certezas. El margen se ha evaporado. El club necesita decisiones firmes y refuerzos reales, no parches ni promesas recicladas.

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Los señalados

Resulta difícil de explicar el apagón ofensivo de un grupo que prometía colmillo. Santamaría, Rioja y Danjuma pasaron de ser argumentos para convertirse en incógnitas, diluidos en una gestión errática de minutos y expectativas. La continuidad mal entendida acabó siendo una losa.

El trabajo del verano se desechó con una rapidez alarmante. La pretemporada ya no sostiene nada y solo un par de fichajes parecen tener peso real en el once. El resto de la plantilla vaga por un limbo táctico que no ofrece salidas ni respuestas.

En Mestalla se instala una tristeza resignada. Hay respeto por Corberán, pero también hay aroma a fin de ciclo. El equipo necesita un golpe de timón, ideas frescas y un liderazgo que devuelva la fe antes de que el tiempo, una vez más, juegue en contra.