El presidente del Cádiz sostiene al técnico por decisión propia, no por falta de alternativas ni problemas económicos: el vestuario está hundido desde que no se fichó sustituto para Tabatadze y el mercado de invierno fue interpretado como dejadez
Gaizka Garitano sigue siendo entrenador del Cádiz por una razón y solo una: Manuel Vizcaíno quiere que lo sea. No hay problema económico para prescindir de él. No falta sustituto en el mercado. Es una decisión personal del presidente que, según fuentes del entorno del club, responde exclusivamente a su carácter.
El problema es que mientras Vizcaíno sostiene al técnico, el equipo se hunde. 1 punto de los últimos 24. Una cifra que destruye cualquier argumento en favor de la continuidad, especialmente teniendo en cuenta que la mayoría de los rivales en ese tramo eran equipos de la zona baja.
Las señales estaban desde el principio
El hundimiento ha pillado por sorpresa al presidente, aunque las señales en el juego eran visibles desde el inicio de temporada. El punto de inflexión llegó con la lesión grave del máximo goleador, Tabatadze, al que el club decidió no sustituir en el mercado. Esa decisión tuvo un efecto devastador en el vestuario: los futbolistas lo interpretaron como dejadez y falta de ambición institucional. El rendimiento de la mayoría de ellos es desde entonces muy bajo y preocupante.
El mercado de invierno agravó el problema. El Cádiz llegó a esa ventana ocupando puestos de playoff. La plantilla esperaba refuerzos que no llegaron. Lo que recibió fue el mensaje implícito de que el club no apostaba por el proyecto. El desplome fue inmediato.
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Un calendario que no perdona
Lo que viene es aún peor. En las últimas siete jornadas, el Cádiz se enfrentará a cinco equipos que luchan por el ascenso a Primera División. Un calendario diseñado para hundir a un equipo sin confianza, sin gol y con el vestuario roto anímicamente.
Garitano seguirá hasta que Vizcaíno lo decida. Y mientras eso no cambie, el Cádiz tiene un problema que va más allá del técnico.





