El empate en Bélgica volvió a exponer la fragilidad defensiva del Barcelona. Flick se debate entre reorganizar su estilo o morir en su idea.
El Barça salió de Brujas con más sombras que certezas. La herida del Clásico aún supura y el triunfo ante el Elche apenas maquilló las carencias. En Champions, los de Flick volvieron a naufragar atrás: tres goles en contra y una sensación constante de fragilidad.
La cifra asombra: son ya 20 tantos encajados en 15 partidos oficiales, la segunda peor marca defensiva del siglo en el club. La estadística asusta, pero el pasado ofrece consuelo: en 2015-16, el equipo de Luis Enrique encajó 23 goles en el mismo tramo y terminó levantando el doblete.
El problema es que este Barça no transmite la misma autoridad ni el mismo instinto competitivo. El Brujas lo expuso sin piedad: 23 ataques, 11 tiros, seis ocasiones claras. Una defensa de cristal que convierte cada transición rival en un drama.
Traicionarse o mejorarse: la decisión está en Flick
El entrenador alemán, fiel a su credo, insiste en no traicionar su idea de juego. Promete no retroceder ni un paso, aunque las grietas ya son visibles. La ausencia de Iñigo Martínez pesa, pero no explica el colapso colectivo.
El bloque perdió sincronía, la presión se ejecuta a destiempo y el equipo muerde menos. El propio míster cuestionó la falta de intensidad de su equipo en el Jan Breydel.
Las fisuras defensivas ya son explícitas en el mundo azulgrana. Una de las leyendas del club, Thierry Henry, fue muy crítico con el estilo de Flick: “Tienes que defender el balón y también tu portería. No puedes limitarte a defender el balón cuando no hay presión sobre él”, afirmó el francés, palabra más que autorizada en el Camp Nou.

El libreto debe cambiarse rápido
Los flagrantes errores nacieron en Vallecas y se repiten como un eco: Sevilla, Girona, París, ahora Bélgica. Flick revitalizó un Barça moribundo hace un año, pero hoy su libreto empieza a tambalear. La Champions empieza a ser una utopía y el Madrid le saca ventaja en LaLiga.
Si el ex Bayern Múnich no corrige el rumbo pronto, el crédito que ganó a pulso puede evaporarse con la misma velocidad con la que se escapan los goles en su área.




