Lamine Yamal al límite: el debate por su participación destapa una gestión federativa torpe y sin protección

El cuidado del futbolista debería ser prioridad, pero la RFEF convierte la salud de una estrella adolescente en una polémica sin sentido

La pubalgia no espera permisos. El cuerpo avisa antes que los titulares. Y Lamine Yamal es un menor que necesita descanso. El caso ha levantado ruido porque el FC Barcelona trató al jugador sin informar a la RFEF, aunque en realidad la situación apunta a algo muy simple: el club paga su salario, monitoriza su físico y conoce mejor que nadie cuándo es momento de frenar. El problema surge cuando el entorno federativo actúa como si el futbolista fuera un recurso ilimitado, capaz de jugar cada tres días sin consecuencias. Y eso, tratándose de un chico de 17 años, es una irresponsabilidad monumental.

En el seno de la selección, la carga de partidos se ha vuelto una trituradora. La exigencia competitiva es enorme, las ventanas internacionales se multiplican y el calendario oficial apenas deja huecos para respirar. Lo lógico sería proteger al jugador, rotar minutos y dar entrada a la cantera. Pero la lógica suele ser la gran ausente en los despachos del fútbol español.

La gestión de Luis de la Fuente divide opiniones mientras el jugador lidia con dolor y minutos excesivos

Las repercusiones señalan a Luis de la Fuente y a su cuerpo técnico. El seleccionador ha demostrado confianza total en Yamal, pero el exceso ha sido evidente. El jugador acarrea molestias desde hace semanas, y aun así siguió acumulando minutos con la camiseta de la Selección Española y del FC Barcelona. Ese equilibrio debería existir, pero no siempre se logra cuando hay prisas, presiones o intereses cruzados.

En la afición aparece un debate conocido: cuando un jugador del Real Madrid se cae de una convocatoria por “sobrecarga” o “gestión de carga”, nadie levanta la voz. Pero cuando algo afecta a un futbolista del Barça, la tormenta mediática aparece. Fácil señalar. Fácil fabricar teorías. El ruido siempre se enfoca en el mismo sitio.

Algunos hablan de campaña. Otros, de animadversión histórica. Desde hace años, cualquier decisión que rodea al conjunto azulgrana aparece envuelta en sospecha: que si separatismo, que si polémica política, que si privilegios o favoritismos. Palabras que, muchas veces, esconden algo todavía más feo: prejuicios. Cuando un jugador tan joven recibe críticas desproporcionadas, el eco del racismo también entra en escena. No hace falta disfrazarlo. Está ahí, aunque a muchos les incomode escucharlo.

Mientras tanto, la pubalgia sigue su curso. Esta lesión no es un resfriado. Se agrava con minutos, con impactos, con exigencia. Y puede convertirse en un problema crónico si no se trata a tiempo. El Barça lo sabe y actúa como cualquier empresa responsable: si pagas a tu trabajador, si garantizas su progresión, si apuestas por su futuro, lo cuidas. Eso no debería generar titulares, sino aplausos.

La federación necesita autocrítica, planificación y un modelo donde la cantera alivie la presión sobre sus jóvenes estrellas

La RFEF tiene una asignatura pendiente: aprender de su propia historia. La Selección ha disfrutado de generaciones brillantes, pero también ha perdido futbolistas por lesiones mal gestionadas. La carga física no puede depender de la necesidad de un partido, ni de una presión institucional, ni del miedo al qué dirán. No con un menor. No con un jugador que podría marcar una década en el fútbol español.

El camino más sensato está claro: rotación, descanso, enfoque médico y una estructura donde la cantera tenga minutos reales. Hay talento suficiente en las categorías inferiores como para no exigirlo todo al mismo futbolista. Si de verdad se piensa a largo plazo, lo primero es evitar que un adolescente arrastre su cuerpo hasta el límite.

El caso Lamine Yamal no debería convertirse en arma política ni en guerra de trincheras mediáticas. Es simplemente una cuestión de salud, de responsabilidad y de respeto profesional. El ruido sobra, la polémica estorba y la única verdad es que el futbolista merece tiempo para recuperarse. Porque antes que estrella, récord o campaña publicitaria, es un chico de 17 años con un futuro brillante que no merece desgastarse por decisiones equivocadas.

Mairenis Gómez, licenciada en Arte y certificada por Google for Education, acumula más de 10 años de experiencia en información futbolística y de última hora dentro del entorno digital. Desde hace dos años forma parte de GOL Digital, donde se especializa en datos aplicados a la información del fútbol español.