El Sevilla vuelve a surgir entre las cenizas: goleada al Barcelona, equipo con intensidad y ADN rojiblanco. El principal responsable: Matías Almeyda.
El pelado Almeyda, padre de una criatura que crece a pasos agigantados, pero con paciencia. Tras varias temporadas penando en LaLiga, el Sevilla se acostumbró a que su principal objetivo sea no perder la categoría. Hoy, sin olvidar la crisis institucional y limitado económicamente, en Nervión salió el sol. La llegada del entrenador argentino con su filosofía y los refuerzos parecen obrar un verdadero milagro en tierra andaluza, después de tantos sinsabores.
Matías logró cortar con una racha de casi tres años y medio sin que el rojiblanco ocupará puestos europeos. En ese contexto, el míster quiere convertir al Sánchez Pizjuán en una verdadera fortaleza. Frente al Barcelona, el estadio fue una verdadera hoguera en la que el equipo de Flick se derritió. Intensidad a la hora de defender, presión en el mediocampo y eficacia en el ataque, el combo que tiene por las nubes al sevillismo. El desafío ahora es sostener este nivel.
Del escepticismo a la euforia: el efecto Almeyda
El 4-1 al Barcelona no es sólo un marcador abultado: es la confirmación de que Matías Almeyda logró que el Sevilla vuelva a latir con intensidad. Tras semanas de dudas y críticas, el oriundo de la provincia Buenos Aires obtuvo la fórmula para recuperar el pulso competitivo de una plantilla que ahora se entrega sin reservas a su idea. Su método, tan exigente en lo físico como en lo mental, devolvió el compromiso y convenció, incluso, a los más escépticos. El sevillismo, acostumbrado a la montaña rusa emocional, empieza a ver en su equipo señales de un proyecto sólido y con identidad.
Pero más allá de los resultados, el gran mérito de Almeyda radica en haber reconectado al vestuario con la grada. Su discurso claro, sin artificios, hizo añicos la desconfianza y unió un grupo que parecía fracturado. Recuperó a futbolistas olvidados y eliminó jerarquías tóxicas. Hoy, el Sevilla vuelve a jugar con el alma, y su afición pasó de la crítica constante a la ilusión renovada. El reto ahora es mantener viva esa llama. El parón le llega en el mejor momento, pero con confianzar de no apartarse del camino trazado hasta ahora.

La sala de máquinas, un relojito
De atrás hacia adelante, el Sevilla consolida su columna vertebral. Azpilicueta y Marcao son el binomio perfecto en la zaga central que desactivaron cada ataque del Barcelona el último partido. Agoumé y Mendy en la medular, recuperan y dan inicio a la fase ofensiva. Los laterales, con Carmona ganando duelos individuales y el chileno Suazo en un nivel excelso, son garantía por las bandas. Y en la parcela ofensiva está el inoxidable Alexis Sánchez, que potencia cada ataque sevillista.
Para Almeyda, este desafío también representa un punto de inflexión en su carrera como entrenador. Conocedor del estilo rojiblanco (fue jugador en la temporada 96/97), construyó una carrera en los banquillos marcada por el carácter, el trabajo intenso y los resultados. Logró ascensos históricos con River Plate y Banfield, conquistó títulos con Chivas, incluida la Liga MX y la Liga de Campeones de la Concacaf, y volvió a saborear la gloria en Grecia al ganar Liga y Copa con el AEK. Ahora afronta en el Sevilla el reto más grande de su trayectoria: triunfar en la élite del fútbol europeo.




