El italiano deberá tomar una decisión de peso en el lateral izquierdo: optar por el ya asentado Bretones o darle la posibilidad al nuevo refuerzo llegado desde Madrid.
El calendario y las circunstancias fueron empujando las decisiones sin margen para la improvisación en Navarra. Bretones alcanzó el ciclo de amarillas ante el Alavés y la sanción le cayó en San Mamés, justo en el estreno de 2026.
En ese paréntesis navideño, Osasuna movió ficha y cerró la llegada de Javi Galán, que aterrizó, entrenó y respondió de inmediato. El estreno del extremeño ante el Athletic dejó huella. Entró directo al once, ocupó el lugar de Bretones y ofreció sensaciones convincentes. Hoy, 9 de enero, Lisci tiene un dilema.
«Hay cosas que tienes que ir acoplándote, sobre todo a tus jugadores. Hemos cambiado bastante respecto al principio», admite.
Para la visita al Girona, el entrenador romano ya no decide por obligación, sino por convicción. Tiene a los dos laterales disponibles y, por primera vez, puede elegir sin urgencias. La competencia está servida.
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El siempre fiable Bretones
El carrilero asturiano ha demostrado fiabilidad en defensa de cuatro y de cinco. Acumula quince partidos de Liga y uno de Copa este curso (marcó un gol), siempre como titular, pese a un castigo disciplinario severo.
En su primera temporada en El Sadar, Abel firmó 35 partidos de Liga y 2 goles.
Galán, jerarquía con tinte grande
Por su parte, Galán aporta una lectura más vertical. El exatlético suma profundidad, desborde y una amenaza ofensiva que amplía el abanico táctico. Osasuna gana recorrido por la izquierda y también alternativas más arriba.
Los números explican el contexto: el de Badajoz reordena el mapa y fija a Juan Cruz como central zurdo. La nueva izquierda ya no es promesa, es realidad en Navarra.
Rotación obligada
El calendario aprieta y Lisci afila el bisturí. Tres partidos en siete días obligan a medir esfuerzos y emociones, y en El Sadar gana peso una gestión quirúrgica del carril izquierdo. Girona, para que Bretones recupere pulso competitivo; Copa en Anoeta, para que Galán se reivindique.
La secuencia se completa en el Tartiere, una cita marcada en rojo para Bretones, por contexto y por corazón. Esa alternancia no es casual: mantiene a ambos enchufados y preserva la energía en una posición que en el sistema rojillo se exprime al máximo.
Lisci, además, no descarta mezclar las piezas. Galán puede adelantar metros y Bretones cerrar como tercer central, una variante que añade sorpresa. Con dos perfiles tan compatibles, Osasuna gana equilibrio para pensar más en la zona noble que en la roja.





