El técnico del Real Oviedo pone voz al malestar tras un 3 2 decidido en acciones límite y con criterios discutidos
El Real Oviedo abandonó El Sadar con una derrota que pesa más por las formas que por el marcador. El 3 2 ante CA Osasuna se resolvió en el tiempo añadido. El debate posterior giró en torno al arbitraje y al uso del VAR.
Guillermo Almada compareció con el gesto serio y el discurso medido. Defendió el trabajo de su equipo y señaló decisiones que, a su juicio, alteraron el resultado. “Duele porque fue inmerecida”, arrancó. “Deja impotencia por todo el esfuerzo de los futbolistas”.
El técnico subrayó la entrega del grupo durante noventa minutos intensos.
“Ellos dejaron la vida”, insistió. “Merecimos otra cosa que este resultado”.
La acción que concentró la indignación llegó en la segunda parte. Una posible mano dentro del área no fue sancionada tras revisión. Almada fue contundente y dejó una frase que marcó la noche. “La única cabeza en el estadio que pensó que no era penalti fue la del árbitro”.
El penalti no señalado y la comparación incómoda
El entrenador recordó una jugada reciente pitada en otro partido. “Además hay un pistón claro a Ilyas”, explicó. “Esa misma acción se pitó a favor del Girona y queremos conocer los criterios”. La queja no fue solo por una decisión aislada. El fondo del mensaje apuntó a la coherencia arbitral. “Son jugadas determinantes”, repitió. “Lamentablemente, determinan resultados”.
Almada confesó que evitó protestar en caliente. “No quise intervenir”, reconoció. “Si te acercas al árbitro es tarjeta”. Esa autocensura evidenció una relación tensa entre banquillos y colegiados. La revisión televisiva aumentó la sensación de unanimidad en la grada. El contraste con la decisión final alimentó el malestar. El VAR volvió a ser protagonista sin aportar certezas.
Un partido competido hasta el límite
Más allá del arbitraje, el análisis deportivo dejó matices claros. El Real Oviedo se adelantó y supo sostenerse. Compitió con orden y valentía en un escenario exigente. Tras el descanso, el plan fue claro:
“Intentamos ser más protagonistas con la pelota”, explicó Almada. “Fuimos más profundos, pero no pudimos concretar más ocasiones”.
CA Osasuna explotó mejor sus virtudes. Los centros laterales hicieron daño. Era un guion previsto por el cuerpo técnico ovetense.
El entrenador asumió errores propios. “Buscamos las bandas”, dijo. “El juego aéreo no salió bien y sabíamos que nos podían hacer daño”. La lectura fue honesta y sin excusas.
Golpe anímico y mensaje al vestuario
El gol decisivo en el añadido fue un mazazo. El vestuario quedó tocado. La sensación de vacío se instaló tras el pitido final.Almada pidió reacción inmediata. “Hay que seguir por este camino”, afirmó. “Jugando así tendremos más opciones de ganar”.
El mensaje fue de calma y convicción. “Hay que levantar la cabeza”, añadió. “Lamernos las heridas, rescatar lo bueno y corregir lo malo”. La clasificación aprieta y no concede tregua. Cada punto pesa. El margen de error es mínimo.
El arbitraje vuelve al centro del foco
El encuentro reabrió un debate recurrente en LaLiga. El uso del VAR y la falta de criterios homogéneos vuelven a generar desgaste. Para el Real Oviedo, el impacto es doble. Se pierden puntos y se erosiona la confianza. La sensación de agravio cala en el entorno.
El discurso de Almada buscó proteger al grupo. También lanzó un mensaje institucional. El equipo se siente vivo y competitivo. El Sadar dejó una derrota. También dejó preguntas abiertas. En una temporada al límite, cada decisión cuenta.





