Radiografía del ‘Método Almada’: El dibujo táctico que marcará el futuro del Real Oviedo

Periodista Deportiva |

El Real Oviedo encuentra en Guillermo Almada un entrenador de roles claros, riesgos controlados y convicciones tácticas que no admiten medias tintas

La llegada de Guillermo Almada al banquillo del Real Oviedo supone una transformación radical en la pizarra del Carlos Tartiere. Lejos de soluciones cosméticas, el técnico uruguayo impone un método táctico basado en el orden jerárquico y un sistema 4-2-3-1 donde la base del juego es sagrada. Sin embargo, este modelo de alta exigencia competitiva también expone los límites de la plantilla: en la propuesta de Almada, el error en la salida de balón se convierte en una condena inmediata, obligando al grupo a una disciplina férrea para evitar el desastre económico y deportivo del descenso.

Una estructura reconocible donde los roles mandan más que los nombres propios en el Real Oviedo

El sistema base de Almada es un 4-2-3-1 muy estructurado. No es flexible en apariencia, pero sí en funciones. El doble pivote es clave: un 6 ancla que fija, ordena y protege la base, y un 8 que salta, muerde y rompe líneas. Si ese equilibrio se rompe, el equipo se parte.

El 10 es el tercer hombre. Si no conecta por dentro, no hay plan alternativo. Los extremos dan amplitud, pero también diagonal al área. El 9 fija centrales y es el primer defensor. Todo está jerarquizado. Nada es ornamental. Incluso el lateral largo es una figura estructural, no una concesión ofensiva.

Este orden permite competir desde el control. Pero también reduce el margen para la improvisación. Almada necesita futbolistas disciplinados en el rol. El talento sin función se diluye rápido.

La salida de balón como zona prohibida donde el error se paga con goles en contra inmediatos

Donde más sufre el modelo es en la salida. Almada considera la base como zona sagrada. Perder ahí no es un accidente. Es una condena. Los ejemplos se repiten: pérdidas en inicio con el equipo abierto que derivan en goles o penaltis.

Por eso el 6 es capital. Debe ofrecer pase fácil, limpiar segundas jugadas y evitar riesgos innecesarios. Si ese perfil no da seguridad con balón, el equipo entra en pánico. No hay red. El sistema no lo perdona. Aquí no hay romanticismo. O se ejecuta bien, o el castigo llega rápido. Es un modelo honesto. Y exigente.

Ataque por fuera, segundas jugadas y el gran examen ante bloques bajos cerrados

Cuando el rival espera atrás, aparece el gran reto de Almada. El plan tiende al bucle: banda, centro, remate forzado, ansiedad. Sin juego interior real, el equipo se vuelve previsible. Por eso necesita un extremo de ruptura puro. Uno que gane duelos, estire defensas y active segundas jugadas.

La variante de dos puntas es su plan B. Mejora la presión alta y amenaza la espalda rival. Viñas como nueve libera a un segundo delantero para fijar y descargar. Funciona si hay coordinación. No si hay inercia.

Almada puede ayudar. Mucho. Pero no es una cortina de humo. Si el equipo sigue regalando en salida, atacando por ansiedad y sin plan ante bloque bajo, dará igual el nombre del banquillo.