En un partido trabado, Íñigo Vicente sacó la varita y pintó el arcoíris en El Sardinero. El Racing sueña con el regreso a Primera.
Íñigo Vicente no necesitó artificios para descomponer al Eibar: le bastó con ese aire de ilusionista que aparece sin previo aviso y cambia el guion. En los Campos de Sport no estaba anunciada ninguna gala, pero el domingo el de Derio volvió a sacar un espectáculo improvisado.
El Racing arrancó con chispa, aunque el partido fue tomando un tono espeso como suelen proponer los armeros. Hasta que apareció Vicente para abrir una rendija con un golpe de seda y, desde ahí, repartir juego con tres asistencias que valieron media goleada.
El conjunto cántabro camina en la dualidad de ser el más goleado entre los diez de arriba, pero también el más demoledor cuando pisa campo contrario. Sus 37 tantos, a más de tres por partido, le dibujan un perfil temerario con el objetivo final trazado: volver a la élite.
Íñigo y Asier, el dúo letal
La enorme producción ofensiva del verdiblanco tiene sus culpables en dos personajes: Íñigo Vicente, que reparte asistencias con la naturalidad de quien respira, y Asier Villalibre, que convirtió su cesión en un pelotón de remates y eficacia.
Esta dupla intervino en 24 de los tantos racinguistas, una brutalidad que explica la pegada sin necesidad de más gráficos.
El Búfalo ya suma diez dianas y, con la última ante el Eibar, dejó atrás a Embarba en la pelea por el pichichi.

Faltó la guinda del pastel
El Racing, pese a tener el partido encarrilado, siguió atacando como si fuera 0-0. Andrés Martín buscó su gol con un empeño casi febril, alentado por Villalibre e Íñigo, pero la tarde no quiso sonreírle. El de Aguadulce se marchó contrariado, por no poder sumar a la estadística.
Ni su salida trajo calma, porque lo que llegó fue el cuarto, una estocada que terminó de blindar un triunfo de esos que ponen en guardia a cualquiera que visite El Sardinero. El Racing firmó una victoria con aroma a aviso serio: este equipo no entiende de frenos, solo de ambición.
Calendario apretado
El Racing encara otra semana intensa en cuanto a calendario, con un duelo copero que invitará a José Alberto a mover piezas y airear el once. Fiel a su libreto cuando toca medirse a rivales de menor rango, el entrenador volverá a dar carrete a los menos habituales.
El cruce del jueves ante la Ponferradina obligará a un viaje relámpago y a una vuelta a contrarreloj que dejará al equipo con apenas horas para preparar la visita a Cádiz. Entre Ponferrada, Barajas y Jerez sumarán más de 1.300 kilómetros en un suspiro. Los cántabros incluso intentaron adelantar el choque al miércoles, pero la petición cayó en saco roto.





