La gestión del presidente desata la indignación: 56 millones de ingresos para un club que sobrevive gracias a los favores de sus rivales
La situación institucional del Rayo Vallecano ha alcanzado niveles de esperpento que rozan la humillación para una afición histórica. Mientras el club presume de unos ingresos que alcanzan los 56 millones de euros, la realidad del día a día bajo el mandato de Raúl Martín Presa dibuja un panorama de precariedad absoluta. El club madrileño, lejos de comportarse como una entidad profesional de élite, se ha visto obligado a recurrir a la solidaridad de sus vecinos y rivales para poder desarrollar su actividad básica, proyectando una imagen de «mendicidad» que abochorna al rayismo.
Los hechos hablan por sí solos y evidencian un abandono sistemático de las infraestructuras. El Real Valladolid ha tenido que prestar focos de luz para intentar paliar el desastroso estado del césped de Vallecas; el Leganés ha cedido su estadio, Butarque, para que el Rayo pueda disputar sus partidos como local ante la imposibilidad de usar su propio campo; y el Getafe ha tenido que abrir las puertas de su ciudad deportiva para que la plantilla franjirroja pueda, simplemente, entrenar. Resulta incomprensible que una entidad con semejante músculo financiero sea incapaz de mantener un terreno de juego o unas instalaciones dignas.
Indignación en Vallecas ante una gestión bajo mínimos
Este escenario de «préstamos» constantes entre clubes madrileños y castellanos no hace más que alimentar el malestar de una hinchada que ve cómo su club pierde identidad y respeto institucional. La pregunta que se hace todo el entorno vallecano es dónde están y en qué se invierten esos 56 millones de euros, mientras la franja sobrevive gracias a la beneficencia de terceros. El abandono de las instalaciones no es solo un problema logístico, es la punta del iceberg de una crisis de gestión que amenaza con lastrar el futuro de un equipo que, hoy por hoy, parece no tener casa propia.



