Bukaneros y gran parte de la hinchada instan a no retirar entradas para el duelo ante el Atlético en señal de protesta contra Martín Presa
El conflicto social en el Rayo Vallecano ha alcanzado un punto de no retorno. Tras el anuncio oficial de LaLiga confirmando que el partido contra el Atlético de Madrid se trasladará al Estadio de Butarque debido al nefasto estado del césped de Vallecas, la afición ha dicho basta. Bajo el lema «Dejemos vacío Butarque», los seguidores franjirrojos han iniciado una campaña masiva de boicot para el encuentro del próximo domingo. Consideran que el traslado a Leganés no es solo una consecuencia de la mala gestión del terreno de juego, sino un «peligroso precedente» que Raúl Martín Presa podría utilizar para justificar su deseo de llevarse definitivamente al equipo fuera del barrio.
La indignación estalló definitivamente el jueves por la noche cuando se confirmó que Vallecas «no reúne las garantías de seguridad» para los jugadores, apenas cinco días después de que el duelo ante el Real Oviedo tuviera que ser suspendido por el mismo motivo. Para la masa social rayista, esta situación es la prueba definitiva de la dejadez en el mantenimiento del estadio y la Ciudad Deportiva. La respuesta de los grupos de animación, encabezados por Bukaneros, ha sido inmediata y contundente: han pedido a los abonados que no retiren sus entradas para el partido en el feudo del Leganés, buscando que las gradas luzcan desiertas en un choque de máxima visibilidad.
Pintadas contra la directiva y el temor al desarraigo definitivo de Vallecas
El ambiente este viernes en los alrededores de la Avenida de la Albufera ha amanecido cargado de tensión. Han aparecido numerosas pintadas con mensajes como «Presa inhabilitación» y carteles que instan al «rayismo» a mantenerse firme en su sede histórica. Los aficionados sospechan que la insistencia del presidente en construir un nuevo estadio argumentando que el actual no genera ingresos suficientes para competir está detrás de la falta de inversión en el mantenimiento básico del recinto actual, que pertenece a la Comunidad de Madrid.
Mientras Martín Presa aboga por una mudanza definitiva, la administración regional mantiene su intención de remodelar el estadio en su ubicación original. El traslado temporal a Butarque, un estadio con una capacidad similar (14.422 espectadores) y situado a solo 16 kilómetros de Vallecas, ha sido interpretado por la grada como un ensayo general para el desarraigo del club. La movilización en redes sociales está siendo masiva, y el éxito de esta protesta marcará un hito en la ya tensa relación entre la directiva y una de las aficiones más fieles de LaLiga.
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El domingo se vivirá una situación insólita: un derbi madrileño contra el Atlético de Madrid en campo neutral y, posiblemente, con una asistencia mínima por parte de la hinchada local. El Rayo se juega tres puntos vitales en lo deportivo, pero su afición considera que la batalla por la identidad de Vallecas es, en este momento, mucho más importante que cualquier resultado sobre el césped. La pelota está ahora en el tejado de los abonados, cuya decisión de acudir o no a Butarque determinará el impacto real de esta histórica rebelión contra la propiedad.





