El equipo necesita que varios nombres clave reaccionen cuanto antes para no comprometer las tres competiciones
El RC Celta vive un tramo de temporada marcado por la irregularidad y por la ausencia de peso real de varios futbolistas llamados a liderar el proyecto. Después de cuatro meses de competición, nombres como Ferran Jutglà, Williot Swedberg, Marcos Alonso, Bryan Zaragoza, Hugo Álvarez o Sotelo siguen lejos del nivel esperado. La sensación que recorre a la afición es clara: sin ellos, el equipo no encuentra ni continuidad ni identidad.
Esta falta de paso adelante convive con un problema añadido. Las rotaciones constantes de Claudio Giráldez no están dando el impulso buscado y algunos jugadores solo ofrecen su mejor versión con continuidad, no con apariciones intermitentes. Mientras los que deberían ser importantes no despegan, quienes sí juegan tampoco están marcando diferencias.
Media docena de jugadores llamados a ser decisivos siguen sin aparecer en ningún partido
Cuando el Celta planificó la temporada contaba con que futbolistas de talento joven y experiencia contrastada fuesen piezas esenciales. Sin embargo, Jutglà no ha logrado continuidad ofensiva, Swedberg no ha encontrado su punto de confianza y creatividad, y Marcos Alonso no está aportando la jerarquía que se esperaba en defensa.
A ellos se suman Bryan, un futbolista de desborde que no termina de asentarse en la rotación, Hugo Álvarez, todavía lejos de su mejor versión, y Sotelo, que necesita un salto competitivo para convertirse en ese centrocampista diferencial que el club visualizaba. Las tres competiciones exigen rendimiento inmediato y el nivel individual sigue sin aparecer.

La identidad del juego se diluye y el equipo solo reacciona cuando va por detrás en el marcador
El problema va más allá de los nombres. Muchos partidos del Celta siguen el mismo guion. El equipo entra frío, solo despierta cuando recibe un gol y mueve la pelota de lado a lado sin profundidad real. Esa incapacidad para dominar desde el inicio señala directamente al banquillo. Cuando no está bien nadie, la mirada se posa en el entrenador.
Mientras tanto, aparece un contraste doloroso. Unai Núñez, que no encontró continuidad en Vigo, está brillando en Italia. Su buen rendimiento fuera subraya aún más la duda de si el Celta está gestionando bien el potencial de los futbolistas que sí tiene. Giráldez necesita un clic inmediato y recuperar a los jugadores que estaban llamados a marcar la diferencia.





