Marco Garcés le cierra las puertas a Giráldez para el mercado de invierno. El Celta no tocará su plantilla a menos que haya imprevistos.
El Celta afronta la ventana de enero con una idea clara: no tocar nada salvo que el guion cambie de golpe. En el club entienden que la plantilla tiene fondo de armario para competir en los tres frentes, y que solo una venta inesperada o la salida de jugadores sin protagonismo moverá el mercado.
La calma en el próximo receso responde a la confianza de la cúpula céltica en lo que ya tiene. Giráldez insiste en que cuenta con mimbres de sobra para que el Celta compita en LaLiga, avance en Europa y aspire a recorrer camino en la Copa. El de O Porriño utilizó a 27 de 28 jugadores e incluso apeló al Fortuna.
Ajustar la masa salarial, tarea pendiente
Las matemáticas aprietan: el club necesitaría al menos dos salidas. Cervi y Aidoo (con minutos residuales) parecen dispuestos a facilitar su marcha en los seis meses que les quedan de contrato.
También está sobre la mesa la resolución del futuro inmediato de Allende y Luca de la Torre, cuyas cesiones en EE.UU. expiran en diciembre y obligan a decidir entre retorno, venta o un nuevo préstamo.
En A Sede nadie espera un sobresalto como el de Douvikas, que pidió salir sobre la bocina y trajo una oferta irrechazable. Aquel movimiento dejó un hueco que no se cubrió hasta este verano con Jutglà, un fichaje largamente meditado.
El creativo que sigue en pausa
El pasado verano, Claudio Giráldez pidió para completar la plantilla a un centrocampista creativo, pero aún no llegó y no parece que se active en el invierno, salvo que aparezca una oportunidad seductora en el mercado.

Garcés, de aniversario
El mexicano cumple dos años al frente de la gestión deportiva del equipo de Vigo. La opción de ruptura que ambas partes pueden activar dentro de un año no parece que vaya a usarse: Garcés está cómodo, el club respalda su plan sin titubeos y los números hablan por él.
El oriundo de Ciudad de México ingresó 72 millones en ventas, solo dilapidó 22, fue parte fundamental de la vuelta del Celta a Europa después de ocho cursos y aceleró la ruta de la cantera.
Su éxito ya se palpa en el día a día en Vigo, pero todo ello está bajo el paraguas de Marián Mouriño y con Giráldez como ejecutor del proyecto.




